Un equipo de investigadores alemanes y neozelandeses demostró que los terneros pueden aprender a usar un retrete artificial en apenas diez días, desafiando la idea de que el ganado bovino carece de control sobre sus necesidades fisiológicas. El proyecto, liderado por el psicólogo animal Jan Langbein del Instituto de Biología de Animales de Granja (FBN), consistió en entrenar a 16 terneros dentro de una zona delimitada cubierta de césped sintético, denominada “MooLoo”, donde recibían recompensas dulces cada vez que orinaban. Tras asociar el lugar con el premio, los animales fueron trasladados a un pasillo exterior que les permitía acceder al retrete de forma voluntaria, recibiendo nuevamente comida si cumplían la tarea y una breve pulverización de agua si lo hacían fuera del área.
Los resultados fueron sorprendentes: once de los dieciséis terneros lograron usar el MooLoo con una precisión cercana al 77 %, anticipando por sí mismos la necesidad de orinar y dirigiéndose al recinto sin indicaciones externas. Los cinco restantes no alcanzaron el mismo nivel dentro del periodo de prueba, aunque los investigadores sugirieron que podrían haberlo logrado con más tiempo. Este desempeño se comparó con el de niños pequeños en etapas tempranas de aprendizaje del uso del baño, evidenciando una capacidad cognitiva mayor de la que se le atribuía al ganado.
Más allá del interés científico, el experimento persigue un objetivo ambiental: reducir la emisión de amoníaco y óxido nitroso, gases contaminantes derivados de la mezcla de orina y heces en los establos. Una vaca adulta puede producir decenas de litros de orina al día; con mil millones de bovinos en el mundo, el volumen total es colosal y contribuye significativamente a la contaminación del aire, suelos y aguas. Separar la orina mediante sistemas como el MooLoo permitiría captar nitrógeno y fósforo para fabricar fertilizantes, al tiempo que se reducirían las emisiones de amoníaco en más del 50 % según cálculos preliminares.
Sin embargo, la escalabilidad del método sigue siendo un desafío. Implementar retretes en explotaciones que albergan cientos o miles de animales requeriría automatizar el proceso, con sensores que detecten la micción y dispensen recompensas sin intervención humana. Los autores ya plantean desarrollar tecnologías de este tipo y explorar la posibilidad de entrenar a vacas adultas para defecar en áreas específicas, lo que aún no se ha probado.
La investigación, publicada el 13 de septiembre de 2021 en la revista Current Biology, abre una nueva línea de acción contra la huella ambiental de la ganadería, pero advierte que los resultados aún son experimentales y no se ha medido el impacto real a escala industrial. Convertir la curiosidad de enseñar a una vaca a usar el baño en una solución práctica requerirá superar barreras técnicas y económicas, aunque el estudio ya ha demostrado que subestimamos la inteligencia de estos animales.
En conclusión, el experimento MooLoo muestra que los bovinos pueden aprender comportamientos complejos y que, con la tecnología adecuada, esta capacidad podría traducirse en una herramienta para mitigar la contaminación agropecuaria. El próximo paso será validar estos hallazgos en granjas reales y diseñar sistemas automáticos que conviertan el aprendizaje animal en beneficios medioambientales tangibles.
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Fuente: Xataka