Inicio CienciaEl fracaso de un joven químico en 1856 dio origen al color violeta que vistió a la Europa victoriana

El fracaso de un joven químico en 1856 dio origen al color violeta que vistió a la Europa victoriana

por editor
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En 1856 el estudiante de química de 18 años William Henry Perkin, alumno del Royal College of Chemistry de Londres, se propuso sintetizar quinina, el principal antipalúdico de la época. La malaria asolaba a los europeos en colonias tropicales y la quinina, extraída de la corteza del árbol de quina en Sudamérica, era escasa y cara. Perkin, bajo la tutela del renombrado August Wilhelm Hofmann, decidió experimentar durante las vacaciones de Semana Santa en un pequeño laboratorio improvisado en su casa.

El intento resultó infructuoso. Utilizando compuestos derivados del alquitrán de hulla, un subproducto abundante de la industria del gas, el joven químico buscó obtener quinina a través de la aliltoluidina, sin éxito. Al cambiar a anilina, produjo una masa oscura que consideró desechable. Sin embargo, al mezclar ese residuo con alcohol surgió una solución de intenso tono púrpura que tiñó la seda con una vibración nunca vista.

Ese inesperado color violeta, llamado inicialmente “púrpura de anilina” y comercializado como “mauve”, representó una revolución en la industria textil. Hasta entonces los tintes se obtenían de fuentes naturales como plantas, insectos o el costoso púrpura de Tiro, extraído de moluscos marinos. El nuevo tinte sintético se producían a gran escala a partir de residuos industriales, era más barato y mostraba buena resistencia a la luz y al lavado, aunque inicialmente funcionaba mejor sobre seda que sobre algodón.

Perkin patentó su hallazgo en agosto de 1856 y, con el apoyo financiero de su padre, empresario de la construcción, fundó en 1857 una fábrica en Greenford, cerca de Londres. La empresa transformó una curiosidad de laboratorio en la primera gran industria de colorantes orgánicos sintéticos. El auge del mauve coincidió con la moda de tonos lilas y violetas entre la aristocracia europea; la emperatriz Eugenia, esposa de Napoleón III, popularizó el color en París, impulsando su demanda.

El éxito de Perkin demostró que la química podía convertir residuos industriales en productos comerciales de alto valor, abriendo la puerta a otros tintes sintéticos como la fucsina y el magenta. Esta industria sentó las bases para el desarrollo posterior de fármacos, explosivos, polímeros y laboratorios de investigación industrial, aunque el liderazgo químico pasó luego a Alemania por mayor inversión en investigación.

Años después, Perkin vendió su empresa, recibió la Medalla Perkin en 1906 y su descubrimiento siguió siendo objeto de estudio; la estructura de la mauveína se esclareció en la década de 1990. Así, un fracaso en la búsqueda de una cura para la malaria terminó tiñendo de violeta a Europa y marcando el inicio de la química industrial moderna.

Fuente: Xataka

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