En octubre de 1970, operarios del parque industrial de Fullerton, California, iniciaron la pavimentación de una calle usando “glasphalt”, una mezcla de asfalto convencional y vidrio triturado de botellas desechadas. El tramo de 183 metros quedó cubierto con una capa de 7,6 centímetros de espesor, donde el 63 % del agregado era vidrio, el 36 % polvo de roca y un 1 % de cal hidratada. La iniciativa buscaba una solución al creciente volumen de envases de vidrio que terminaban en vertederos, probando si podían convertirse en materia prima para carreteras.
Para comparar resultados, los investigadores dejaron una franja de asfalto tradicional al lado del glasphalt, permitiendo medir desempeño bajo idéntico tráfico. Los primeros problemas surgieron durante la colocación: el vidrio retenía calor, dificultaba la compactación y algunas partículas se rompían bajo los rodillos. Sin embargo, inspecciones posteriores demostraron que la superficie soportó el tránsito y ofreció una resistencia al deslizamiento aceptable, aunque no superó al asfalto convencional.
El experimento de Fullerton no quedó aislado. Entre finales de los sesenta y principios de los setenta, la Administración Federal de Carreteras registró unos 33 tramos experimentales con vidrio en EE. UU. y Canadá, variando proporciones y tamaños de partícula. Baltimore, entre 1975 y 1985, incorporó vidrio en 17 calles para crear destellos bajo la luz solar, aunque la excesiva reflexión generó problemas de visibilidad en superficies mojadas.
El verdadero salto de escala llegó a Nueva York. En la década de los ochenta, una planta de Long Island procesó más de 12 600 toneladas métricas de vidrio, y entre 1990 y 1995 el Departamento de Transporte utilizó aproximadamente 225 000 toneladas en repavimentaciones urbanas. Los estudios revelaron que mezclas con más del 15 % de vidrio producían desprendimientos y problemas de adherencia, por lo que la solución pasó a ser usar partículas menores a 4,75 mm y limitar la incorporación al 10‑15 %.
En 2023, el municipio australiano de Port Stephens probó una mezcla que combinaba vidrio reciclado, neumáticos usados y asfalto recuperado, evitando 13,7 toneladas de CO₂ equivalentes. El programa “Paving the Way”, extendido a Sídney, llegó a reciclar anualmente 10,8 millones de envases de vidrio, incorporando más de 500 000 al pavimento cada año. Los ensayos mostraron mejoras en resistencia a grietas, aunque el comportamiento a largo plazo sigue bajo observación.
A pesar de los avances, el glasphalt nunca sustituyó al asfalto tradicional de forma generalizada. El proceso de recolección, limpieza y trituración del vidrio resulta costoso y complejo, y el material no absorbe el betún como los áridos naturales, lo que puede afectar la adherencia en presencia de agua. La lección aprendida es que, para que el vidrio sea útil, debe emplearse en proporciones moderadas y bien controladas, convirtiéndose en un complemento sostenible más que en el protagonista absoluto de nuestras carreteras.
https://www.youtube.com/watch?v=NzeO_6xesAo
Fuente: xataka