El astronauta de la NASA Donald R. Pettit ha dedicado 590 días en misiones espaciales y cuatro paseos por la Estación Espacial Internacional para observar la Tierra desde el espacio. En su cuenta de X/Twitter compartió un archivo visual que reúne imágenes nocturnas de más de dos décadas, revelando cómo la iluminación urbana ha transformado la apariencia de nuestras ciudades. Fotografiando metrópolis como París, Estambul, Lima, Osaka, Pekín, Casablanca, Riad y Maracaibo, Pettit muestra que el cambio no es solo estético, sino también un indicador de tendencias energéticas y de urbanismo.
Una de las comparaciones más llamativas es la de Chicago en 2003 versus 2024. Desde la órbita, la cuadrícula de la ciudad sigue siendo reconocible, pero el tono de sus luces ha pasado de un cálido amarillento a un blanco intenso salpicado de destellos de colores. Este fenómeno se debe al reemplazo gradual de lámparas de vapor de sodio, que emitían una luz ámbar, por tecnologías LED, mucho más eficientes y con una temperatura de color más alta. El efecto es visible a miles de kilómetros, convirtiendo el cielo nocturno en un mosaico de blancura y luces multicolores.
Los LED no solo aportan un aspecto diferente; ofrecen ventajas técnicas que han impulsado su adopción global. Son más compactas, resistentes a vibraciones y bajas temperaturas, y alcanzan su brillo máximo al instante, a diferencia de las lámparas de vapor que requieren tiempo para calentar. Además, su vida útil es mayor y su consumo energético se reduce considerablemente, lo que se traduce en ahorros significativos para los municipios.
El archivo de Pettit también sirve como herramienta para estudiar la expansión urbana. En imágenes recientes, Miami destaca por una red eléctrica que “luce espectacular”, mientras que Monterrey, México, revela una marcada asimetría entre su núcleo urbano y la extensión de luces que se extiende por el valle de La Estanzuela. Estas observaciones permiten a urbanistas y científicos mapear el crecimiento poblacional y la distribución de infraestructuras.
Sin embargo, el brillo blanco de los LED trae consigo un costo ambiental: la contaminación lumínica. La sobreiluminación afecta a ecosistemas, alterando los ciclos de animales, plantas y humanos. El ritmo circadiano y el metabolismo pueden verse perturbados, generando preocupación entre biólogos y autoridades.
El cambio también ha influido en la cultura popular. La película “Drive” (2011), filmada en Los Ángeles antes de la sustitución masiva de luces amarillas por LED, capturó una atmósfera nocturna que hoy sería imposible recrear. Los beneficios económicos son notables; la ciudad ahorra alrededor de 9 millones de dólares al año gracias a la eficiencia de los LED, según la Bureau of Street Lighting.
https://x.com/astro_Pettit/status/2096763483245158847
Fuente: xataka