Los investigadores han descubierto que la velocidad al caminar es tan importante como la distancia recorrida para la salud. Estudios publicados en revistas como JAMA y el proyecto Dunedin demuestran que un aumento de apenas 0,1 metros por segundo reduce significativamente el riesgo de muerte prematura. En adultos mayores de 65 años, ese pequeño salto se traduce en una disminución del 12% del riesgo de mortalidad; en personas de 75 años o más, la probabilidad de vivir diez años más aumenta entre 19% y 91% según sexo. Estos hallazgos sitúan al ritmo de la marcha al mismo nivel que el tabaquismo o el índice de masa corporal como predictor de longevidad.
La evidencia no se limita a la vejez. En el estudio longitudinal de Dunedin, que siguió a 904 individuos desde los 45 años durante cinco décadas, los participantes con marcha lenta presentaron un envejecimiento biológico hasta cinco años mayor que sus pares más ágiles. Incluso los evaluadores externos percibieron sus rostros como más envejecidos al comparar fotografías, lo que sugiere que la velocidad de la caminata refleja procesos fisiológicos profundos. Así, el paso rápido se vuelve un indicador temprano de la integridad de sistemas como el cardiovascular, pulmonar, muscular y de equilibrio.
Los científicos explican que caminar es una tarea compleja que requiere la coordinación de varios sistemas. Cuando alguno falla, la velocidad disminuye antes de que aparezcan síntomas visibles, funcionando como una alarma silenciosa. Este vínculo se ha confirmado en investigaciones que relacionan una marcha lenta con mayor riesgo de ictus, enfermedad renal crónica y hasta cinco tipos de cáncer, superando a factores tradicionales como la presión arterial o el colesterol.
Por otro lado, la velocidad no solo predice problemas, también actúa como factor de riesgo. Personas que caminan despacio tienden a ser menos activas, lo que agrava el deterioro físico y cognitivo. Sin embargo, la buena noticia es que el ritmo es modificable: entrenar para caminar más rápido puede revertir parte del riesgo acumulado y mejorar la calidad de vida.
Un estudio reciente de 2026 identificó a los “supermovedores”, adultos mayores que superan al 93% de sus pares en pruebas de marcha cronometrada. Estos individuos presentan un 50% menos de probabilidad de deterioro cognitivo y un 60% menos de desarrollar Alzheimer u otras demencias. Sus resultados refuerzan la idea de que la velocidad al caminar es tanto señal de alerta como objetivo terapéutico.
En conclusión, evaluar y entrenar la velocidad de la marcha debería incorporarse a los chequeos médicos rutinarios. Un paso más rápido no solo indica mejor estado de salud, sino que también puede prolongar la vida y preservar la función cognitiva. La próxima vez que salgas a caminar, presta atención a tu ritmo: podría ser la mejor medida de tu bienestar futuro.
Fuente: Xataka