Durante décadas la arqueología se vio dominada por una visión androcéntrica que mostraba al hombre como cazador y a la mujer como cuidadora del hogar. Esa imagen, basada en interpretaciones tradicionales, quedó cuestionada al incorporarse al análisis del ADN antiguo, herramienta que está reescribiendo la organización social de los pueblos prehistóricos.
Los nuevos estudios genéticos demuestran que la división del trabajo en la prehistoria era mucho más diversa. En varios enterramientos de América del Sur, Europa y Asia, se han identificado mujeres con herramientas de caza, armas y objetos de alto estatus. Un caso emblemático es el hallazgo en los Andes peruanos, donde una joven enterrada con puntas de lanza y otras armas fue confirmada como mujer mediante análisis proteómico y óseo, rompiendo el mito de que la caza era exclusivamente masculina.
En Suecia, el famoso sitio de Birka reveló otro giro inesperado. Un individuo enterrado con equipamiento militar, previamente catalogado como hombre, resultó tener cromosomas XX. Aunque el sexo biológico no garantiza que la persona ejerciera una función militar, el hallazgo sugiere que mujeres podían ocupar roles asociados al poder y la autoridad en sociedades que antes se consideraban patriarcales.
Investigaciones en la Europa central de la Edad del Hierro muestran que las élites celtas también incluían a mujeres en linajes dominantes. Los análisis genéticos indican que la sucesión dinástica no estaba reservada solo a los varones, y que algunas mujeres desempeñaron papeles clave en la continuidad del poder político, desafiando la idea de una herencia exclusivamente masculina.
En el sitio neolítico de Çatalhöyük, en la actual Turquía, se secuenciaron los genomas de 131 individuos. Los datos revelan que los vínculos de parentesco dentro de una misma vivienda se establecían mayormente a través de la línea materna, y que entre el 70% y el 100% de las hijas permanecían en la casa de origen. Este patrón sugiere una práctica matrilocal, donde la residencia se organizaba alrededor de la mujer, contrastando con modelos patrilocales típicos.
En conjunto, la evidencia genética y arqueológica indica que la prehistoria estuvo marcada por una gran pluralidad en la división del trabajo, el estatus y las estructuras de parentesco. Mujeres cazadoras, líderes militares y matrilocales forman parte de un panorama mucho más complejo que el relato simplificado que la cultura popular ha mantenido durante tanto tiempo.
Fuente: Xataka