Amina Helmi, originaria de Bahía Blanca, se convirtió en la primera científica argentina en recibir el prestigioso premio Kavli, conocido como el “Nobel de la astrofísica”. El galardón, otorgado por una fundación noruega, reconoce avances revolucionarios que transforman nuestra comprensión del universo. Helmi obtuvo el premio tras descubrir, primero, las “corrientes de Helmi”, grupos de estrellas que se mueven de forma distinta al resto de la Vía Láctea, y luego, la evidencia de la última gran fusión galáctica que nuestra galaxia experimentó hace diez mil millones de años.
Desde niña, Helmi mostró una curiosidad insaciable por el cielo. A los once años visitó el planetario de Buenos Aires y quedó fascinada por las imágenes del cosmos. Su padre, químico egipcio, y su madre holandesa, también apoyaron su interés, mientras que la novela de ciencia ficción “Contacto” de Carl Sagan la convenció de que la astronomía podía ser su camino. Estudió astrofísica en la Universidad Nacional de La Plata y, tras una beca en la Escuela de Verano del Observatorio Vaticano, se trasladó a Leiden, Países Bajos, donde realizó su doctorado sobre la formación de la Vía Láctea.
Durante su tesis, Helmi planteó que la galaxia se había construido mediante fusiones con galaxias menores. Utilizando el catálogo Hipparcos, identificó dos grupos de estrellas que cruzaban el halo galáctico en direcciones opuestas, evidencia que interpretó como los restos de una galaxia anexa hace miles de millones de años. Estos grupos, ahora llamados corrientes de Helmi, confirmaron que la Vía Láctea había absorbido sistemas más pequeños, un proceso conocido como acreción.
El verdadero salto llegó con la misión Gaia de la ESA, lanzada en 2013. El enorme volumen de datos permitió a Helmi y su equipo detectar que gran parte del halo galáctico se movía en sentido contrario al disco y presentaba una composición química distinta, como un ADN estelar. Concluyeron que la Vía Láctea sufrió su última gran fusión con una galaxia ahora llamada Gaia‑Enceladus, hace diez mil millones de años, mucho antes de que el Sol naciera.
Este hallazgo no solo revela la historia temprana de nuestra galaxia, sino que también abre preguntas sobre la materia oscura. Helmi afirma que el estudio del movimiento estelar, potenciado por Gaia, puede ayudar a entender esa misteriosa componente que constituye el 85 % de la masa del universo. Actualmente, la astrofísica trabaja en modelos que integren estos datos para desentrañar la naturaleza de la materia oscura.
Helmi destaca la importancia de la colaboración internacional y el mensaje de que el cielo no conoce fronteras. Para los jóvenes que aspiran a la astronomía, aconseja buscar mentores y equipos que impulsen su desarrollo. Su trayectoria demuestra que la ciencia, más allá de los límites geográficos, une a la humanidad bajo un mismo firmamento.
Fuente: Bbc