En la madrugada del pasado lunes, la Fiscalía de Veracruz recibió la confesión de Juan Carlos Méndez, de 45 años, residente de Playa Vicente, quien admitió haber asesinado a dos jóvenes como represalia por el homicidio de su hija de 19 años, ocurrido tres meses antes. Méndez, que había sido detenido por cargos de violencia familiar, fue llevado ante el juez de control, donde entregó una detallada declaración que incluyó los nombres de las víctimas, los lugares exactos donde los asesinó y los motivos que lo impulsaron a ejecutar la venganza.
Según la investigación, la hija de Méndez, Ana Lucía, fue encontrada sin vida el 12 de julio en la zona de la carretera federal que cruza la localidad. Las autoridades determinaron que su muerte fue obra de una pandilla local, pero nunca se logró identificar a los responsables. El dolor del padre se transformó en ira, y, según su propio testimonio, decidió “hacer que pagaran” a los jóvenes que, a su entender, estaban vinculados al grupo que había asesinado a su hija.
Los dos hombres asesinados, de 21 y 23 años, fueron ubicados en una zona boscosa a las afueras de Playa Vicente el 5 de septiembre. Los cuerpos presentaban múltiples heridas de arma de fuego y señales de tortura. Testigos aseguraron haber escuchado disparos y gritos en la madrugada, pero no denunciaron por temor a represalias. La confesión de Méndez permitió a la policía recuperar las armas utilizadas y localizar pruebas forenses que confirmaron la autoría del padre.
El Ministerio Público abrió una causa de homicidio calificado y violencia familiar contra Méndez, quien ahora enfrenta cargos de dos homicidios, secuestro y violación de cuerpo. La defensa del acusado argumentará que el padre actuó bajo un estado de “locura transitoria” provocado por el trauma de perder a su hija, aunque los fiscales descartan esa estrategia, señalando la premeditación y la planificación del crimen.
Este caso ha reavivado el debate sobre la impunidad y la violencia en comunidades costeras de Veracruz, donde la presencia de grupos delictivos y la falta de recursos policiales generan un clima de inseguridad. Organizaciones civiles piden una mayor inversión en programas de prevención y una respuesta más rápida de la justicia para evitar que el dolor se convierta en venganza.
Mientras tanto, la familia de las víctimas ha solicitado una investigación exhaustiva y la reparación del daño, mientras que la comunidad de Playa Vicente permanece consternada ante la revelación de que un padre, movido por el duelo, tomó la justicia por su mano, incrementando la ola de violencia en la región.
Fuente: Diariodelistmo