Un Learjet 60 de 22 años de antigüedad se estrelló a gran velocidad en una calle residencial de Greenacres, en la zona metropolitana de Palm Beach, Florida, el domingo por la tarde, cobrando la vida de las nueve personas que viajaban a bordo. Las imágenes capturadas por cámaras de seguridad mostraron el momento del impacto, que generó un cráter profundo y desintegró la aeronave en miles de fragmentos metálicos. Solo una persona que circulaba cerca resultó herida en una pierna; no se reportaron más víctimas en tierra.
El vuelo, operado por la compañía Upper Jets, partió a las 09:37 h del aeropuerto internacional de Austin, Texas, con destino al aeropuerto de Eleuthera Norte, en las Bahamas. A bordo iban siete pasajeros y dos tripulantes. Al sobrevolar la península de Florida, la aeronave encontró condiciones meteorológicas adversas: lluvias intensas, actividad eléctrica y capas de hielo a gran altitud. A las 12:00 h los pilotos informaron al control de tráfico aéreo haber encontrado “hielo claro ligero” y turbulencia moderada mientras volaban a 35,000 pies.
Ante la inestabilidad, los pilotos solicitaron ascender a 37,000 pies para sortear la lluvia. Menos de 30 segundos después, la transmisión del avión cambió a un mensaje de descenso y una llamada de socorro. A las 12:48 h el piloto comunicó una condición de “exceso de velocidad al descender”, pero el resto del mensaje quedó ininteligible. Los registros de audio revelan la urgencia de la situación, aunque la aeronave no logró recuperar el control y se precipitó contra el suelo.
Las autoridades de la Junta Nacional de Seguridad en el Transporte (NTSB) iniciaron la investigación de inmediato. El investigador Timothy Monville señaló que el principal desafío será recuperar los restos principales del cráter, que se inundó al romper una tubería subterránea. El portavoz Thomas Chapman indicó que se han encontrado fragmentos menores en un radio de 750 metros, dispersos en campos de béisbol, comercios y residencias del vecindario, donde viven aproximadamente 600 personas.
Hasta el momento, la NTSB no ha descartado ninguna causa. Se sospecha que la aeronave pudo haber sufrido una desintegración parcial en vuelo, posiblemente la pérdida del estabilizador horizontal, pero los investigadores aún no han localizado la caja negra que podría esclarecer los últimos minutos del viaje. Asimismo, se confirma que el mal tiempo, con hielo y turbulencia, jugó un papel relevante en el accidente.
Las víctimas fueron identificadas como la piloto Nathalia Gadelha, de 20 años, y el copiloto Jeffrey Gregory, de 55 años. Entre los pasajeros fallecieron Adam y Helen Robinson, sus hijos Emma (4 a) y Charlie (2 a), la niñera Anita María Cetina, y la pareja Rachael Reed y Charmi Fehr. Las familias han recibido el apoyo de la comunidad y de los servicios de emergencia, que fueron elogiados por su pronta respuesta.
La investigación continuará durante varias semanas, con entrevistas a testigos, análisis de los restos y revisión de los datos meteorológicos. Las autoridades reiteran que no habrá especulaciones públicas hasta contar con evidencia concluyente sobre las causas del trágico siniestro.
Fuente: Bbc