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Gemelos prematuros luchan por vivir entre bombas y hambre en Yemen

por editor
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Desde su nacimiento hace siete semanas, los gemelos Raghad y Raad Hassan son un símbolo de la crueldad que la guerra y el hambre han impuesto sobre Yemen. Nacieron prematuros en la aldea montañosa de Kahboub, justo cuando los combates entre los rebeldes hutíes y las fuerzas gubernamentales se intensificaron, obligando a su familia a huir bajo bombas, misiles y ataques con drones. Solo unas mantas los cubrían mientras la familia recorría a pie tres días hasta la ciudad portuaria de Adén, sin transporte y con la constante amenaza de los disparos.

Al llegar al hospital al‑Sadaqah, los gemelos estaban tan desnutridos que los médicos los describieron como “solo piel y huesos”. Raad, el más frágil, mostraba costillas marcadas y respiraba con dificultad; sus extremidades eran tan delgadas que apenas alcanzaban la mano de la enfermera que lo pesó. El diagnóstico fue inmediato: desnutrición aguda grave, una condición tan mortal como una bala en el contexto de un conflicto que ha devastado la infraestructura sanitaria del país.

La crisis humanitaria en Yemen se ha profundizado con el colapso del alto al fuego informal del verano boreal. La ONU estima que 800,000 personas ya no pueden recibir ayuda vital y más de 250,000 han sido desplazadas. Los precios de alimentos básicos, como la leche infantil, se han disparado, obligando a padres como Bajash Ali Sagir Hassan a limitar la alimentación de sus hijos a dos tomas al día o, en ocasiones, solo agua. La falta de recursos también afecta al personal médico; la doctora Noor Mohammed señala que el hospital solo puede admitir a 13 pacientes críticos de 22 camas disponibles por la escasez de financiación y equipamiento.

A pesar de la escasez, el personal del al‑Sadaqah muestra una resiliencia admirable. La enfermera supervisora Aisha Ragab, quien escapó de la guerra en 2018, logró que los gemelos compartieran una cama y les administró leche fortificada en pequeños biberones. Lina, la madre, apenas logra que Raad tome el alimento antes de vomitar, pero mantiene la esperanza diciendo “si Dios quiere”. Cada día, el hospital se convierte en una cadena de montaje de sufrimiento: los niños que salen son rápidamente reemplazados por otros que regresan por falta de nutrición, vitaminas o antibióticos.

Los gemelos representan una generación que crece entre el polvo de los bombardeos y la falta de alimentos. Mientras los médicos luchan contra la desnutrición, padres como Bajash, ahora pastor sin rebaño, deben abandonar su sustento para proteger a sus hijos. La situación en Yemen sigue siendo una tragedia silenciosa que requiere atención internacional urgente para evitar que más vidas infantiles se pierdan en la sombra de la guerra.

Fuente: Bbc

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