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Fatima El Mansouri, la primera ministra de Marruecos, entre el rey, los clérigos y el feminismo

por editor
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Fatima Zahra El Mansouri se convirtió en la primera mujer en encabezar el gobierno de Marruecos tras ser nombrada por el rey Mohammed VI en octubre de 2024. Su designación, histórica para un país donde la monarquía constitucional sigue concentrando el poder ejecutivo, ha reavivado un viejo proverbio islámico que asegura que “un pueblo que confía sus asuntos a una mujer nunca tendrá éxito”. El debate se ha polarizado entre sectores conservadores, que temen una erosión de la tradición religiosa, y jóvenes que ven en su nombramiento una señal de modernización.

El partido Autenticidad y Modernidad (PAM), liderado por El Mansouri, obtuvo la mayor cantidad de escaños en las elecciones de septiembre, logrando una coalición que controla 207 de los 395 escaños del parlamento. Sin embargo, el rey sigue manteniendo amplios poderes, especialmente en defensa y relaciones exteriores, lo que coloca a la nueva primera ministra en una posición delicada: debe equilibrar las exigencias del monarca, la presión de los ulemas y las expectativas feministas.

Desde su nombramiento, la reacción popular ha sido variada. En la cadena local Chouf TV, hombres de mediana edad expresaron incertidumbre y cierta incomodidad al imaginar a una mujer como jefa de gobierno, aunque muchos aceptaron la decisión como una cuestión de voluntad real. En internet, el tema se volvió objeto de sátira; un video mostraba a dos mujeres tirándose del pelo, simbolizando supuestos conflictos parlamentarios entre la ministra y sus colegas.

El verdadero desafío para El Mansouri radica en la agenda de derechos de género. Marruecos sigue aplicando normas de herencia que favorecen a los hijos varones, la poligamia bajo ciertas condiciones y el código de familia (Moudawana) que limita la igualdad en matrimonio y divorcio. El Consejo Superior de Ulemas se opone a reformas que busquen igualdad en la herencia, mientras que organizaciones de mujeres demandan la eliminación del Taasib y la posibilidad de que las esposas impongan cláusulas contra la poligamia.

La educación de las niñas también está en la mira. En zonas rurales, solo el 55 % de las adolescentes entre 15 y 17 años asiste a la escuela, frente al 100 % en áreas urbanas. Factores como la distancia a las escuelas, la inseguridad del transporte y la falta de productos de higiene menstrual dificultan la permanencia escolar. Activistas esperan que la primera ministra impulse políticas que garanticen acceso gratuito a insumos menstruales y mejoren la infraestructura educativa.

Expertos internacionales describen el nombramiento como un “feminismo de Estado autoritario”, una estrategia para legitimar al régimen sin alterar sustancialmente las estructuras de poder. La presión sobre El Mansouri será enorme: deberá demostrar que su presencia no es solo simbólica, sino que puede traducirse en reformas concretas que beneficien a las mujeres marroquíes, sin enfrentarse directamente a la autoridad del rey ni a los eruditos religiosos.

Fuente: Bbc

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