Eli Tan, un usuario de la nueva aplicación Muse de Meta, decidió probar el agente de inteligencia artificial otorgándole acceso a su correo electrónico y a sus tarjetas de crédito. En menos de diez minutos el asistente creó una hoja de cálculo en Google Sheets con cientos de filas, detectó suscripciones duplicadas y las canceló sin intervención humana. Además, utilizó el correo para solicitar un reembolso de una prueba vencida y logró recuperar 44,99 dólares, todo desde su móvil.
Este caso confirma los testimonios que van surgiendo sobre Muse y otros agentes como GrokBot o Instinct. La diferencia con los chatbots tradicionales es que, en lugar de limitarse a responder preguntas, Muse ejecuta acciones concretas en nombre del usuario. Puede enviar correos, rellenar formularios, organizar viajes o incluso negociar precios, siempre actuando a través de plataformas de mensajería como WhatsApp. La IA accede a los datos y a las aplicaciones que el usuario le autoriza, lo que la convierte en una herramienta autónoma y práctica.
Desde su lanzamiento el 8 de septiembre en Estados Unidos, Muse ha superado los 2,5 millones de descargas en sus primeros 13 días, según datos de Sensor Tower citados por Reuters. La cifra evidencia el gran interés del público por una IA que simplifique tareas cotidianas y ahorre tiempo y dinero. No se trata solo de programadores que usan IA para escribir código; cualquier persona, desde un estudiante hasta un adulto mayor, puede delegar gestiones rutinarias a este agente.
Una de las ventajas más llamativas es la integración directa con WhatsApp. El usuario mantiene una conversación normal con el agente y, cuando este necesita interactuar con un sitio web, muestra una pequeña ventana dentro de la misma aplicación, revelando en tiempo real las acciones que está realizando. Detrás de la escena, Muse funciona con una máquina virtual que incluye su propio navegador, pero el usuario no necesita aprender a usarla.
Sin embargo, la comodidad trae riesgos. Meta asegura que Muse solicita autorización antes de ejecutar acciones delicadas, pero recientemente se detectó una vulnerabilidad que fue parcheada en cuestión de horas. Además, delegar decisiones financieras o de privacidad a una empresa con antecedentes controvertidos en el manejo de datos genera dudas entre los usuarios.
A pesar de los desafíos, el éxito temprano de Muse sugiere que estamos ante una nueva fase de la IA, comparable al impacto que tuvo el iPhone al popularizar los smartphones. Otros competidores como Instinct (disponible en España) y GrokBot ya están ofreciendo funciones similares, y se espera que gigantes como OpenAI, Anthropic y Google lancen sus propias versiones. La cuestión ahora es si la novedad se mantendrá o si los usuarios volverán a la gestión manual.
En cualquier caso, Muse marca un punto de inflexión: la IA ya no solo asesora, sino que actúa por nosotros, redefiniendo la relación entre tecnología y vida cotidiana.
Fuente: xataka