El rover Perseverance, que aterrizó en Marte en febrero de 2021, llevaba a bordo cinco muestras de tejidos usados en trajes espaciales terrestres. Entre ellos estaban fragmentos de policarbonato, Vectran, dos tipos de teflón y un compuesto llamado Ortho‑Fabric, que combina Nomex, Gore‑Tex y Kevlar. El objetivo era exponer estos materiales al ambiente marciano y observar cómo el regolito, el polvo fino que cubre la superficie del planeta rojo, los afecta.
Una vez en el planeta, las piezas fueron colocadas en la placa de calibración del instrumento SHERLOC y analizadas con el espectrómetro de rayos X PIXL. Los resultados mostraron que, a diferencia del polvo lunar, las partículas marcianas son predominantemente redondeadas, producto de la erosión eólica. Sin embargo, su forma no es la única amenaza: su tamaño extremadamente pequeño y su composición química pueden representar un serio riesgo para la salud humana.
Los científicos descubrieron que algunas partículas miden menos de un micrómetro, lo suficiente para ser inhaladas y cruzar la barrera hematoencefálica, llegando al cerebro. Además, el regolito contiene azufre, hierro y percloratos, compuestos altamente tóxicos que ya se consideran una de las principales causas de la inhospitabilidad de Marte. Estos hallazgos complican la visión optimista de colonizar el planeta en las próximas décadas.
Otro factor crítico es la electricidad estática. Al chocar entre sí, los granos de polvo se cargan y son atraídos por superficies con carga opuesta. Cada tipo de tejido mostró una afinidad distinta: los polímeros orgánicos como el teflón capturan con mayor facilidad las partículas más finas, permaneciendo adheridas durante años de exposición. Este fenómeno podría ensuciar trajes, equipos y, en última instancia, los hábitats humanos.
Ante este panorama, los investigadores proponen varias estrategias. Una opción es el uso de chorros de nitrógeno líquido para desprender el polvo, similar a un lavado de autos. Otra alternativa es desarrollar trajes autolimpiables, con recubrimientos que repelen la carga estática o que permitan la eliminación automática del regolito. La prevención será clave para que los astronautas no regresen a sus naves con contaminantes peligrosos adheridos.
Las implicaciones son claras: antes de fijar fechas como 2028 o la década de 2030 para misiones tripuladas, la comunidad espacial debe abordar estos riesgos. La improvisación no será una opción viable; se requieren soluciones tecnológicas robustas que garanticen la seguridad de quienes, algún día, caminarán sobre la superficie marciana.
Fuente: Xataka