Tom Cruise vuelve a romper esquemas al protagonizar “Digger”, la última película del mexicano Alejandro González Iñárritu. El actor, conocido por sus acrobacias mortales, se transforma en Digger Rockwell, un magnate petrolero tejano calvo, canoso y de barriga prominente. La metamorfosis, lograda con maquillaje protésico y una estética que recuerda a los villanos de los años 70, marca el mayor riesgo artístico de su carrera, pues lo aleja de la imagen de héroe invencible que lo ha catapultado al estrellato.\n\nLa trama se presenta como una sátira ecológica que mezcla humor negro, crítica social y escenarios apocalípticos.
Rockwell, ajeno a la catástrofe que su empresa desata en Alaska, ignora el deshielo de un glaciar que se parte en dos y desencadena un iceberg del tamaño de un país. La película muestra cómo el presidente de EE. UU., interpretado por John Goodman, convoca una reunión de emergencia en la mansión del magnate, rodeado de militares y asesores religiosos que prefieren culpar a la prensa que a la industria.\n\nIñárritu, premiado con varios Oscar, no escatima en recursos visuales: la casa de Rockwell está repleta de animales disecados, mientras el propio protagonista cuida con devoción a su escuálido gato. La actuación de Riz Ahmed como científico angustiado aporta una nota de seriedad que contrasta con los diálogos absurdos y los gritos exagerados de los personajes blancos en trajes militares.
La película, aunque polariza al público, plantea dos giros argumentales que desafían la lógica narrativa y obligan al espectador a cuestionar la responsabilidad corporativa y la manipulación de la información.\n\nEl riesgo de Cruise no es físico, sino reputacional. Al asociarse con una obra tan polémica, se expone a ser tachado de pretencioso y a sufrir un posible fracaso de taquilla. Sin embargo, la crítica de la BBC destaca que “Digger” no es un simple fracaso: su mensaje ecológico, su audacia conceptual y su humor mordaz lo convierten en una pieza de cine de autor que, aunque no atraerá a las masas, encontrará eco entre los amantes del cine experimental.\n\nA diferencia de sus anteriores proyectos de acción, donde el objetivo es impresionar con explosiones y acrobacias, aquí Cruise entrega una interpretación que combina teatralidad y compromiso con el guion.
El actor recita discursos inflamatorios sobre la industria petrolera con una convicción que, a pesar de su exageración, resulta inquietante y reveladora. La película, de 90 minutos, mantiene un ritmo vertiginoso que, aunque puede cansar, mantiene la atención del espectador en la crítica ambiental subyacente.\n\nEn conclusión, “Digger” representa una apuesta arriesgada tanto para Cruise como para Iñárritu. La combinación de una sátira ecológica, actuaciones fuera de lo común y una narrativa provocadora la convierten en una obra que probablemente dividirá al público, pero que sin duda dejará una huella en la filmografía de ambos artistas.
Fuente: Bbc