Evan Gershkovich, de 34 años, relató este lunes en la emisora BBC Today cómo fue detenido en Ekaterimburgo por hombres enmascarados que, bajo el pretexto de “reservar la mesa”, lo entregaron al Servicio de Seguridad Interna (FSB). El periodista del Wall Street Journal había llegado a la ciudad para reunirse con una supuesta fuente, pero la escena se tornó rápidamente una trampa que, según él, fue diseñada por Moscú para convertirlo en un rehén de alto perfil.
Gershkovich explicó que, a diferencia de los interrogatorios habituales de espías, no sufrió torturas ni agresiones físicas. “Me dejaron dormir, la comida estaba bien; me sentí tratado como una mercancía, no como un enemigo del Estado”, señaló. Esa percepción le permitió mantener la calma y prever un posible intercambio de prisioneros, una hipótesis que se confirmó cuando, tras 16 meses en la infame prisión de Lefortovo, fue liberado el 1 de agosto de 2024 a cambio de Vadim Krasikov, un asesino condenado en Alemania.
Durante su reclusión, Gershkovich describió la vida en Lefortovo como “realmente aislante”. El espacio reducido y la ausencia de contacto humano, según él, dejaron una huella psicológica profunda, aunque afirmó que el trato que recibió fue “significativamente mejor” que el de otros presos políticos, muchos de los cuales son torturados o privados de necesidades básicas.
El caso generó una amplia cobertura internacional. Su rostro apareció en vallas publicitarias de Times Square y el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, declaró que la liberación de Gershkovich era una prioridad. La presión diplomática, sumada al valor simbólico de un corresponsal del Wall Street Journal, convirtió al periodista en una pieza clave del juego geopolítico entre Washington y Moscú.
Al regresar a Berlín, donde reside actualmente, Gershkovich admitió que la alegría de su puesta en libertad se desvaneció rápidamente. Los ataques de pánico y el estrés post‑traumático lo han llevado a buscar terapia y a considerar escribir un libro sobre su experiencia, con la esperanza de arrojar luz sobre la represión de los medios en Rusia.
A pesar de su vínculo personal con el país—sus padres emigraron de la URSS y él creció hablando ruso—Gershkovich mantiene la esperanza de volver algún día, aunque reconoce que el futuro político bajo Vladimir Putin y sus sucesores sigue siendo incierto.
Fuente: Bbc