Un equipo de la Universidad de Nagoya, usando datos del satélite japonés Arase, ha demostrado que los llamados “electrones asesinos” pueden penetrar la zona de los tres radios terrestres, antes considerada impenetrable. Durante una tormenta geomagnética de gran intensidad en 2024, el plasma frío de la plasmasfera se vio drásticamente reducido, lo que permitió la aparición de ondas “chorus” capaces de acelerar estos electrones dentro de los cinturones de Van Allen. El estudio revela que, en lugar de llegar desde el exterior, los electrones ganaron energía localmente, alcanzando más de 3 MeV y permaneciendo en la región cercana a la Tierra durante varios días.
Los cinturones de Van Allen son dos anillos de plasma cargado que rodean al planeta y retienen partículas solares. Hasta ahora se creía que una barrera natural, ubicada a tres radios del centro terrestre, impedía que los electrones más energéticos se acercaran a la órbita baja, protegiendo satélites y misiones tripuladas. Sin embargo, la investigación muestra que la barrera depende del estado de la plasmasfera; cuando esta se agota, las ondas chorus se propagan sin obstáculos y pueden impulsar los electrones a velocidades cercanas a la luz.
Este hallazgo tiene implicaciones directas para la seguridad espacial. Los electrones de alta energía pueden atravesar los blindajes tradicionales de los satélites, dañando componentes electrónicos críticos y acortando la vida útil de las misiones. Asimismo, representan un riesgo para astronautas que realicen actividades extravehiculares, ya que la radiación penetrante puede comprometer la salud a corto y largo plazo.
Los científicos advierten que el clima espacial extremo, como las tormentas solares intensas, podría volver a generar condiciones similares. La recuperación del plasma frío puede tardar meses, periodo durante el cual la zona vulnerada permanece expuesta a la aceleración de partículas. Por ello, se subraya la necesidad de mejorar los modelos de predicción y diseñar sistemas de mitigación más robustos para los equipos en órbita.
El estudio, publicado recientemente, también destaca el papel de los rayos terrestres, que generan ondas capaces de expulsar electrones hacia la atmósfera, contribuyendo al equilibrio natural. Cuando este mecanismo se ve sobrepasado por la falta de plasma, la protección se debilita. La comunidad internacional de investigación espacial está evaluando nuevas estrategias, como el uso de láseres de alta potencia para modificar la distribución de plasma y prevenir la formación de ondas chorus.
En conclusión, la supuesta invulnerabilidad de la zona cercana a la Tierra ha sido cuestionada. La evidencia de que los electrones asesinos pueden acelerar y permanecer allí durante periodos prolongados obliga a revisar los protocolos de diseño y operación de satélites, así como a reforzar la vigilancia del clima espacial. Solo con un conocimiento profundo de estos procesos se podrá garantizar la continuidad de las infraestructuras críticas en el espacio.
Fuente: xataka