La ostra perlífera Pinctada radiata, introducida accidentalmente tras la apertura del Canal de Suez en 1869, se consolida como la primera especie invasora documentada en el Mediterráneo. Cien cincuenta años después, científicos del CSIC siguen su expansión mediante una red de 132 puntos de muestreo que cubren ocho países, entre ellos España. El primer avistamiento en territorio español se registró en Baleares en 2016, y desde entonces la especie ha colonizado hasta Agua Amarga, en Almería, aunque aún no se han confirmado asentamientos más al sur.
Este avance preocupa porque la Pinctada radiata figura entre las 100 especies invasoras más peligrosas del mar Mediterráneo. En el Mediterráneo oriental ya ha desplazado a especies autóctonas y alterado la cadena trófica, un escenario que podría repetirse en el oeste si no se controla su propagación. Afortunadamente, la zona occidental cuenta con un sistema de detección y alerta temprana basado en mallas de bajo costo que capturan larvas antes de que se establezcan poblaciones adultas.
El contexto es alarmante: de aproximadamente mil especies invasoras potencialmente dañinas, unas 600 ya están establecidas en el Mediterráneo. Los investigadores atribuyen el rápido avance de la ostra al calentamiento del mar, que en esta cuenca ocurre entre dos y tres veces más rápido que la media global. Desde 1990, la temperatura en las Islas Columbretes ha subido 1,5 °C, favoreciendo la supervivencia de organismos tropicales como la Pinctada radiata.
Para monitorear la presencia de la ostra, el equipo utiliza colectores de larvas: mallas que atrapan los organismos arrastrados por las corrientes y sirven como indicadores tempranos. En las Columbretes, por ejemplo, las larvas se detectaron en 2020, pero la confirmación de ostras adultas llegó sólo en 2022, demostrando la efectividad del método de alerta precoz.
Hasta el momento, España no ha registrado daños ecológicos graves comparados con el Mediterráneo oriental. Las medidas recomendadas incluyen la vigilancia constante, la extracción manual de poblaciones incipientes y la eliminación de la ostra de las semillas de bivalvos usadas en la maricultura. Estas acciones buscan evitar la dispersión accidental a nuevas áreas.
Algunos expertos proponen una solución más audaz: fomentar la captura y consumo de la ostra, similar a lo que se hace con el cangrejo azul. La especie produce perlas, lo que ya se explota en el golfo Pérsico, pero una explotación prematura podría acelerar su propagación. Por ello, la comunidad científica insiste en priorizar la detección y control antes de considerar su aprovechamiento comercial.
Fuente: xataka