Una serie sin precedentes de ciclones ha sacudido el Pacífico este miércoles, 2 de septiembre de 2026, a causa del fenómeno climático El Niño, que ha elevado las temperaturas del océano a niveles históricos. El huracán Lowell alcanzó la categoría 5, la máxima en la escala de Saffir‑Simpson, y avanza hacia el oeste con vientos que superan los 250 km/h. Le sigue el huracán Karina, de categoría 4, que también se desplaza en dirección occidental, mientras que la tormenta tropical Marie se intensificó durante la noche y ya se considera huracán, según el Centro Nacional de Huracanes (NHC) de EE. UU.
Marie se ubica a aproximadamente 600 kilómetros al suroeste del extremo sur de la península de Baja California, con vientos sostenidos de 130 km/h. Aunque los pronósticos indican que Lowell y Karina pasarán a una distancia segura de las islas hawaianas, las marejadas generadas por Lowell podrían alcanzar la costa y producir condiciones peligrosas en los próximos días. El NHC advierte sobre posibles inundaciones costeras y oleaje fuerte, aunque no se esperan impactos mayores en territorio habitado.
La climatóloga Julia Cole, de la Universidad de Michigan, explicó que el intenso calentamiento del Pacífico provocado por El Niño crea un entorno propicio para la formación y fortalecimiento de ciclones. “Las aguas cálidas alimentan la energía de estas tormentas, y la secuencia de tres sistemas es definitivamente rara de observar”, señaló la experta en una entrevista con AFP. En 2015, otro episodio fuerte de El Niño dio lugar a cuatro ciclones consecutivos, pero la combinación actual de intensidad y frecuencia resulta inusual.
Según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), el fenómeno de este año tiene un 69 % de probabilidad de convertirse en el más intenso jamás registrado. El Niño se manifiesta cada dos a siete años cuando los vientos alisios se debilitan, permitiendo que aguas cálidas del Pacífico occidental asciendan y se desplacen hacia el este. Este proceso eleva la temperatura superficial del mar y favorece la generación de más tormentas, alterando patrones climáticos a nivel global.
Los efectos de este fuerte El Niño se traducen en climas más cálidos y secos en algunas regiones y más húmedos en otras, intensificando fenómenos extremos como sequías, inundaciones y, como ahora, huracanes poderosos. Los científicos coinciden en que el cambio climático amplifica la magnitud de El Niño, aunque aún no hay consenso sobre si incrementa su frecuencia.
Las autoridades meteorológicas de EE. UU. y de países afectados continúan monitoreando de cerca la evolución de Lowell, Karina y Marie, emitiendo alertas y recomendaciones para la población costera. Mientras tanto, la comunidad científica sigue analizando los datos para comprender mejor la interacción entre El Niño y el calentamiento global, con la esperanza de mejorar la precisión de los pronósticos futuros.
Fuente: Dw