En Dongguan, una ciudad de más de diez millones de habitantes cerca de Shenzhen, Huawei abrió sus puertas al público con el llamado Ox Horn Campus, una instalación que combina arquitectura europea con laboratorios de alta tecnología. El campus, terminado en 2019, alberga a más de 30,000 empleados, la mayoría enfocados en I+D, y sus edificios imitan desde el Puente de Carlos en Praga hasta el Palacio de Versalles con una réplica de la Biblioteca Nacional de París. Esta mezcla de estilos busca reflejar la dualidad de Huawei: una empresa china que adopta lo mejor de la cultura occidental mientras mantiene su identidad nacional.
El recorrido por la “ciudad europea” del campus es sorprendente: calles empedradas, cafeterías y tiendas recrean un ambiente de pequeño pueblo europeo, pero bajo esas fachadas se encuentran algunos de los laboratorios más avanzados del mundo. Huawei utiliza este entorno para motivar a sus ingenieros y crear un sentido de comunidad, algo que el fundador Ren Zhengfei describió en 2019 como la absorción de lo mejor de Occidente para impulsar la innovación china. La visita se vuelve aún más impactante cuando se entra al Huawei Health Lab, un espacio que parece un polideportivo de alta tecnología.
El laboratorio está equipado con una piscina, una pared de escalada, una pista de baloncesto, un campo de tiro y hasta una mini‑pista de esquí. Cada zona sirve para calibrar los sensores de los smartwatch, especialmente el recién presentado Huawei Watch GT 7 Pro, que promete medir hasta el vuelo de cometas. Los ingenieros comparan los datos del reloj con equipos médicos de referencia para afinar la precisión de métricas como la frecuencia cardíaca y la saturación de oxígeno, que se basan en fotopletismografía sensible al movimiento.
Uno de los retos más complejos es la simulación de altitud: una cámara recrea condiciones de montaña de hasta 6,000 metros, con temperaturas que varían de –10 °C a 40 °C y humedad entre 35 % y 95 %. Este entorno permite probar cómo el smartwatch responde a cambios bruscos de presión y temperatura, garantizando lecturas fiables para deportistas de alta montaña y usuarios cotidianos. La atención al detalle muestra la apuesta de Huawei por superar las limitaciones de los dispositivos portátiles tradicionales.
La estrategia de Huawei se consolidó tras la crisis de 2019, cuando EE. UU. prohibió el uso de tecnología estadounidense en sus productos, obligándola a abandonar Google Play y a buscar proveedores de chips alternativos. En respuesta, la compañía incrementó su inversión en I+D, desarrollando chips propios, el sistema operativo HarmonyOS y una gama de dispositivos que van desde teléfonos triple‑plegable hasta tablets y ordenadores.
Hoy, Huawei se presenta como un “orgullo nacional” en China y como un competidor emergente en Occidente, donde sus productos aún luchan por recuperar cuota de mercado. La visión del fundador sigue vigente: “La mejor forma de predecir el futuro es crearlo”. Con su campus‑ciudad, laboratorios de punta y una cartera de productos cada vez más diversificada, Huawei parece dispuesta a definir el próximo capítulo de la tecnología global.
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Fuente: xataka