El glaciar del Aneto, último vestigio helado de la cordillera pirenaica, está al borde de la extinción. Fotografía tras fotografía, la comparación entre imágenes de 2015 y 2026 muestra una roca desnuda donde antes se extendía una gruesa capa de nieve y hielo. El cambio es tan drástico que ya no se trata solo de una disminución gradual, sino de una fragmentación completa del cuerpo glaciar.
El equipo CryoPyr, adscrito al Instituto Pirenaico de Ecología (IPE‑CSIC), lleva años monitorizando el Aneto con drones y tecnología láser. En la campaña de septiembre de 2025, los investigadores confirmaron que la masa principal se había partido bajo el Pico del Medio, mientras que la zona del Collado de Coronas quedó reducida a un pequeño helero. El resultado son tres bloques de hielo aislados, a diferencia del único manto continuo que cubría la montaña en 2015.
Los datos preliminares del verano de 2026 indican una pérdida de más de dos metros en el espesor medio del glaciar, que ahora ronda los 12 metros. Ignacio López‑Moreno, investigador del IPE‑CSIC, recuerda que en las dos últimas décadas la reducción promedio era de un metro por año, pero en 2022 y 2023 el retroceso superó los tres metros anuales, evidenciando una aceleración alarmante.
Aunque el Aneto cubre apenas 30 hectáreas, su desaparición tiene repercusiones más allá del paisaje. Los glaciares pirenaicos actúan como termómetros de la cordillera y su pérdida altera la erosión, el transporte de nutrientes y los ecosistemas de alta montaña. Además, la exposición de hielo sucio y oscuro incrementa la absorción de radiación solar, provocando derrites aún más rápidos y aumentando el riesgo de desprendimientos de rocas que dificultan el acceso a la cumbre.
El declive del Aneto forma parte de una tendencia histórica: de más de 100 glaciares en 1850, la península ibérica cuenta ahora con apenas 18, lo que representa una reducción del 92 % de su superficie glaciar. Un estudio del IPE‑CSIC publicado bajo el título “No hope for Pyrenean glaciers” advierte que la cordillera podría quedar sin hielo para 2034, o antes si se repiten los veranos extremos de 2022 y 2023.
En el contexto global, los científicos proyectan que la mayor pérdida de glaciares ocurrirá entre 2041 y 2055, con hasta 4 000 glaciares desapareciendo anualmente. Sin embargo, el caso del Aneto muestra que, bajo condiciones locales extremas, el colapso puede adelantarse varios años, subrayando la urgencia de acciones climáticas contundentes.
La desaparición del último glaciar pirenaico no solo simboliza el fin de una era geológica, sino que también anticipa cambios profundos en los recursos hídricos y la biodiversidad de la zona. Cada metro de hielo que se pierde es una señal de que el equilibrio de los ecosistemas de montaña está rotándose irreversible, y con ello, la necesidad de políticas que frenen el calentamiento global antes de que la nieve del Aneto sea solo un recuerdo.
Fuente: Xataka