El 14 de febrero de 2025 un dron ruso impactó la central nuclear de Chernóbil, dañando el Nuevo Confinamiento Seguro, la gigantesca estructura de acero que cubre el reactor del desastre de 1986. El ataque abrió un agujero de varios metros y provocó un incendio de 40 metros cuadrados en el revestimiento exterior, que los equipos de emergencia lograron apagar rápidamente. La OIEA, tras una inspección exhaustiva, declaró que los daños son graves y que la cubierta ha perdido su capacidad de confinamiento, aunque no se ha registrado ninguna fuga radiactiva hasta la fecha.
Construido entre 2016 y 2019, el arco de acero mide 110 metros de alto, 150 de ancho y 256 de largo, con un peso superior a 30,000 toneladas, y se diseñó para proteger el sarcófago original durante un siglo. Durante una prueba de 72 horas demostró ser capaz de contener nuevas emisiones y permitir el desmantelamiento seguro del reactor. Sin embargo, la integridad de la estructura depende de que permanezca intacta; cualquier daño externo compromete su función principal.
El consorcio responsable, NOVARKA 2, y la propia central estiman que la reparación integral costará al menos 500 millones de euros. Hasta el momento, los países del G7 han comprometido 260 millones y han lanzado un llamado a la comunidad internacional para cubrir la diferencia. El European Bank for Reconstruction and Development (EBRD) respalda la cifra y subraya la urgencia de actuar antes de 2030, cuando la corrosión del acero podría acelerar su deterioro.
Aunque las mediciones de la OIEA no muestran un aumento de la radiactividad tras el ataque, la vulnerabilidad de instalaciones nucleares en zonas de conflicto se ha vuelto una preocupación global. En los últimos años se han registrado varios incidentes con drones, como los ataques a la planta de Zaporiyia en Ucrania, lo que evidencia la necesidad de reforzar la seguridad de estos sitios críticos.
Expertos advierten que un accidente nuclear en Chernóbil tendría consecuencias catastróficas no solo para Ucrania, sino para toda Europa y el mundo, ya que la nube radiactiva no respeta fronteras. Por ello, la comunidad internacional mantiene la presión para que la reparación se realice cuanto antes, evitando que la estructura vuelva a ser un punto débil en la zona de exclusión.
Mientras se negocian los fondos restantes, las autoridades ucranianas continúan monitoreando la zona y reforzando las medidas de emergencia. La reparación del arco de acero no solo es una cuestión de infraestructura, sino un símbolo de la resiliencia frente a la guerra y la amenaza nuclear, y su culminación será un paso crucial para garantizar la seguridad a largo plazo de la región.
Fuente: Xataka