Un equipo liderado por la arqueóloga Kelly Graf ha revelado un hallazgo sin precedentes en el interior de Alaska: el campamento Shég’ Xdaltth’í’, cuyo nombre athabasca significa “ellos estaban allí”. El sitio, datado en tres ocupaciones distintas (13,800, 13,000 y 12,700 años atrás), ha entregado más de 80,000 fragmentos de piedra, hueso y cerámica, ofreciendo una ventana directa a la vida de los primeros pobladores de América del Norte.
El yacimiento se ubica cerca del río Tanana, en la zona que antaño formó parte de Beringia, el puente terrestre que unió Siberia y Alaska durante la última glaciación. Entre los objetos hallados destaca un yunque de piedra rodeado de huesos de bisonte machacados, un gran horno de tierra y puntas de piedra en forma de rombo, piezas nunca antes vistas en Alaska pero sí en el territorio ruso, lo que sugiere un intercambio cultural entre ambos lados del estrecho.
Beringia ha sido clave para entender la colonización del continente americano, pero los restos arqueológicos son escasos y se concentran en áreas reducidas. Shég’ Xdaltth’í’ se diferencia por su excelente estado de conservación: se encontraron viviendas ovales con hogueras, colgantes de asta, restos de ocre rojo y la mandíbula de un cánido, posible antecesor del perro doméstico. Estos elementos revelan una forma de vida que precede a la famosa cultura Clovis, tradicionalmente considerada la más antigua del norte de América.
Durante mucho tiempo se pensó que los pobladores Clovis (11,250‑10,600 a.C.) fueron los primeros en el continente, pero descubrimientos como el de Cooper’s Ferry en Idaho, con dataciones de 16,560‑15,280 años, y ahora Shég’ Xdaltth’í’, que es ocho siglos más antiguo que Clovis, han reescrito la cronología. Además, análisis genéticos de dos bebés de 11,500 años hallados en Alaska revelaron un linaje llamado “Antiguos Beringios”, separado tempranamente del resto de poblaciones nativas.
El contexto del yunque sugiere que los habitantes rompían los huesos de bisonte para extraer médula y grasa, una práctica que se realizaba junto al horno de tierra, probablemente para cocinar o procesar los alimentos. La presencia de martillos de cuarzo y cuarcita indica una tecnología avanzada para la talla de herramientas, mientras que el ocre rojo apunta a prácticas simbólicas o artísticas.
Este descubrimiento no solo amplía el mapa de la migración humana hacia América, sino que también plantea nuevas preguntas sobre la interacción entre grupos del extremo norte de Asia y los primeros americanos. El estudio de Shég’ Xdaltth’í’ abrirá puertas para comprender mejor los patrones de subsistencia, el intercambio de tecnologías y la evolución cultural antes de la aparición de Clovis.
Fuente: xataka