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Los glaciares pirenaicos podrían desaparecer antes de 2034, advierten científicos

por editor
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Los últimos datos de la campaña 2025‑2026 confirman que los glaciares de los Pirineos están viviendo su fase más crítica. Lo que durante siglos fue un paisaje dominado por hielo perpetuo se está reduciendo a un ritmo que ya no se mide en siglos, sino en veranos de calor extremo. Según el informe de CryoPyr publicado en octubre, la desaparición total de los glaciares ibéricos podría ocurrir en 2034, un proceso irreversible que se está observando en tiempo real.

Aunque la primavera de 2026 trajo nevadas récord en marzo, los investigadores advierten que la nieve invernal ya no constituye un escudo suficiente contra los veranos abrasadores. Este año se cerró como el tercer periodo con mayor pérdida de hielo desde que se iniciaron los registros anuales en 2012, solo superado por las campañas 2021‑2022 y 2022‑2023. La magnitud del retroceso obliga a replantear los métodos de medición tradicionales.

Para cuantificar el declive, los científicos han sustituido las estimaciones manuales por drones que generan modelos 3D de alta resolución. Al comparar estos modelos con los de años anteriores, se observó que en la vertiente francesa de Ossoue la pérdida media de espesor alcanzó los 3,1 metros, con puntos que llegaron a perder 4,9 metros. En el Aneto la reducción promedio fue de 2,4 metros y en el Monte Perdido de 2,3 metros, con algunos focos que descendieron hasta seis metros.

El hielo no solo se adelgaza, también se fragmenta. En el glaciar del Aneto, una ruptura en su zona oriental en 2025 redujo su superficie a apenas 30 hectáreas. Nuevas divisiones están apareciendo, lo que indica que el bloque glaciar se está desintegrando en fragmentos cada vez más pequeños. Además, el fenómeno del oscurecimiento hace que la superficie del hielo pierda su blancura, absorbiendo más radiación solar y acelerando su fusión.

Un estudio climatológico publicado el año pasado simuló la evolución del fenómeno y determinó que, incluso bajo escenarios de emisiones moderadas, para 2030 el Aneto habrá perdido el 79 % de su hielo. Si los veranos extremos como el de 2022 se repiten, la desaparición total podría adelantarse. Sin embargo, el impacto hidrológico será limitado, ya que la contribución de estos glaciares al caudal de los ríos es actualmente mínima.

La pérdida de los glaciares pirenaicos representa una tragedia paisajística, ecológica y simbólica. Más allá de la escasez de agua, se trata de la desaparición de un patrimonio natural que ha definido la identidad de la región durante generaciones, un recordatorio más de la urgencia de mitigar el cambio climático.

Fuente: Xataka

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