Google dio un paso histórico en la computación espacial al lograr que su modelo abierto Gemma 4, corriendo en una unidad de procesamiento tensorial (TPU) de categoría centro de datos, generara una respuesta desde la órbita terrestre. El experimento, anunciado el 30 de octubre, se realizó a bordo de un satélite construido con Planet y lanzado por SpaceX el 1 de octubre como parte del proyecto Suncatcher. Durante una ventana de comunicación con una estación terrestre en Svalbard, Noruega, los investigadores solicitaron al modelo que componera un haiku sobre estar en el espacio; la respuesta llegó en menos de veinte minutos, confirmando que el procesamiento había ocurrido a bordo.
El haiku, traducido al español, dice: “La esfera azul ahí abajo”, “Los datos fluyen con silenciosa elegancia” y “La luz de las estrellas alimenta mi núcleo”. Más allá de la poesía, el objetivo era validar que una TPU podía recibir instrucciones, ejecutar cálculos de IA y devolver resultados sin depender de la infraestructura terrestre. El prototipo lleva cuatro chips TPU, aunque solo uno opera a la vez y por períodos limitados, lo que lo convierte en un banco de pruebas más que en un centro de datos orbital completo.
Este logro se suma a antecedentes como la misión Φsat‑1 de la ESA en 2020, que utilizó IA para filtrar imágenes nubladas, y el satélite Starcloud lanzado en 2025 con una GPU NVIDIA H100. Sin embargo, Google es la primera empresa en demostrar que una TPU de nivel centro de datos puede operar en el vacío espacial. La compañía visualiza una red de satélites equipados con procesadores interconectados por enlaces ópticos, lo que permitiría aprovechar la energía solar casi constante y generar hasta ocho veces más electricidad que los paneles terrestres equivalentes.
El desafío técnico es considerable. En el vacío no hay aire que disipe el calor, por lo que Google está probando conductos térmicos y radiadores diseñados para vacíos, además de evaluar la resistencia de los chips a la radiación cósmica. Estas pruebas son cruciales antes de escalar la arquitectura, ya que la fiabilidad a largo plazo y los costos de despliegue siguen sin estar claros.
Tras el haiku, los investigadores planearon generar otros poemas y consultar el estado técnico del satélite, mientras preparan ensayos de resistencia térmica y radiación para las TPU. La siguiente fase prevista es lanzar dos satélites interconectados en 2027, lo que permitiría estudiar la cooperación entre nodos espaciales y acercarse a la visión de un centro de datos distribuido en órbita.
Aunque aún falta demostrar la viabilidad comercial, la prueba confirma que una pieza clave de la futura infraestructura espacial funciona. Si Google logra superar los obstáculos de refrigeración y radiación, podríamos estar frente a una nueva era de capacidad computacional que complementa los gigantescos centros de datos terrestres, abriendo posibilidades para IA más rápida y menos dependiente de la energía terrestre.
Fuente: xataka