Inicio CienciaObediencia ciega: Lecciones del controvertido experimento de Milgram y sus réplicas actuales

Obediencia ciega: Lecciones del controvertido experimento de Milgram y sus réplicas actuales

por editor
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En junio de 1961 un anuncio del New Haven Register invitaba a cualquier persona a participar en un “estudio de la memoria” en la Universidad de Yale, ofreciendo US$4 por hora. La convocatoria atrajo a trabajadores, barberos, empresarios y demás profesionales, sin requerir educación especial. Cuarenta hombres aceptaron y, bajo el pretexto de aprender palabras, fueron instruidos para administrar descargas eléctricas a un desconocido, con niveles que podían llegar a ser letales.

Lo que los participantes desconocían era que los choques eran falsos y que el verdadero objetivo era medir la obediencia. El 65% de los voluntarios aplicó la descarga máxima, incluso cuando la supuesta víctima simulaba dolor o problemas cardíacos. Desde entonces, versiones modificadas del experimento se han replicado en distintas universidades para explorar cuándo y por qué la gente sigue órdenes inmorales.

En 2009 el psicólogo Jerry Burger realizó una réplica más suave, deteniendo al sujeto tras un choque menor. Sorprendentemente, el 70% siguió obedeciendo hasta el final, sin diferencias significativas entre hombres y mujeres. Un estudio polaco de 2015 liderado por Tomasz Grzyb mostró que el 90% de los participantes continuó, pese a reducir la intensidad máxima de los choques. Los resultados confirman que la presión social y la autoridad pueden anular los valores personales.

Investigaciones neurocientíficas recientes, como las de Emilie Caspar en la Universidad de Gante, revelan que obedecer una orden disminuye la actividad en áreas cerebrales vinculadas a la empatía, la culpa y la sensación de responsabilidad. Al mismo tiempo, el cerebro percibe los choques como menos dolorosos cuando son impuestos por una figura de autoridad, lo que reduce el costo cognitivo de la desobediencia. Solo el 2.6% de los 800 sujetos de sus estudios se negó a aplicar descargas, subrayando la facilidad de seguir órdenes.

Los psicólogos destacan cuatro factores clave que facilitan la obediencia: la presencia de una autoridad legítima, la anonimidad del agresor, la escalada gradual de la demanda y la falta de tiempo para reflexionar. Cuando el experimentador asume la responsabilidad, los participantes desplazan la culpa al adulto con bata blanca. Este fenómeno se refleja hoy en el ciberacoso, donde el anonimato online permite conductas agresivas sin repercusión inmediata.

Para contrarrestar estos impulsos, los expertos sugieren crear distancia psicológica con la autoridad, reconocer la transferencia de responsabilidad y permitir pausas para la reflexión. Modelos de conducta moral, como los rescatadores del genocidio de Ruanda, demuestran que la exposición a ejemplos positivos puede activar la valentía moral. Así, aunque la obediencia ciega sea una tendencia humana, la educación y los sistemas que limitan el poder sin control pueden reducir su impacto en la sociedad.

Fuente: Bbc

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