En una lujosa mansión frente a la bahía de Biscayne, algunos de los cubanoestadounidenses más acaudalados de Miami se reunieron para trazar el llamado “día después” en la isla. La cuarta sesión de la Cámara Nacional de Comercio Cubanoamericana (Cancc) contó con la presencia de empresarios de apellido Bacardí, Babún y otros nombres emblemáticos de la comunidad exiliada. Con ron en la mano y relojes Rolex en la muñeca, debatieron sobre la economía cubana, la posible caída del gobierno y los planes de inversión que podrían ejecutarse de inmediato.
El presidente de la Cancc, Juan Omar Sixto, de 80 años, explicó que la reunión buscaba unir a los empresarios cubanoestadounidenses más influyentes de Miami‑Dade bajo un mismo techo. “Nuestro objetivo es estar en Cuba tan pronto como el régimen actual desaparezca”, afirmó. Sixto, quien huyó de la isla en su adolescencia, lidera ahora un proyecto que incluye una propuesta de bolsa de valores cubana y comités dedicados a energía, infraestructura y seguridad alimentaria.
Los asistentes recordaron que sus familias fueron despojadas de tierras y empresas tras la revolución de 1959, y que desde entonces han influido en la política estadounidense hacia la isla. Ahora, con la presión de la administración Trump y la reciente ola de medidas de liberalización anunciadas por el presidente Miguel Díaz‑Canel, consideran que el momento es propicio para actuar. Sin embargo, califican esas reformas como superficiales y aseguran que no invertirán mientras el gobierno comunista siga en el poder.
En La Habana, el anuncio de 176 cambios económicos ha generado escepticismo. Las nuevas normas permiten la contratación directa y la propiedad múltiple de empresas, incluso por cubanoestadounidenses, pero críticos cubanos lo ven como un intento de introducir el capitalismo sin garantías reales para los inversores. Los miembros de la Cancc desestiman la efectividad de esas medidas y siguen esperando una ruptura política que abra la puerta a sus proyectos.
Expertos académicos, como el profesor Mike Bustamante de la Universidad de Miami, advierten que la expectativa de un “día después” es prematura. Señala que la atención de Washington está centrada en la guerra con Irán y en las elecciones de mitad de mandato, lo que reduce la probabilidad de una intervención directa en Cuba. Además, la escasez de energía, alimentos y combustible ya está provocando el sexto apagón nacional del año, lo que complica cualquier plan de reconstrucción.
Para los inversionistas exiliados, la cuestión de la restitución de tierras sigue latente. Sixto recuerda que su familia perdió una finca en Pinar del Río y exige compensación moral, aunque sea parcial. Organizaciones como la Asociación Nacional de Propietarios de Ingenios Azucareros buscan recuperar esas propiedades para producir no solo azúcar, sino también etanol, energía solar o tratamiento de agua, con la promesa de generar empleo y dinamizar la economía cubana.
Mientras tanto, la población cubana continúa enfrentando una crisis humanitaria que requiere ayuda inmediata. Los planes de la diáspora, aunque ambiciosos, chocan con la dura realidad de una isla que aún lucha por garantizar alimentos, medicinas y energía básica. La brecha entre la esperanza de los millonarios en Miami y la situación cotidiana en La Habana sigue siendo profunda y llena de incertidumbre.
Fuente: Bbc