Bartola, Nala y Frida son el rostro de la labor de rescate animal en Xalapa. Cada una llegó a la ciudad en circunstancias distintas: Bartola vagaba sola por las calles, Nala fue entregada a una familia que buscaba compañía y Frida, con dieciséis años, ya vivía con sus adoptantes desde hacía más de una década. Sus trayectorias demuestran que rescatar o adoptar un perro no solo implica ofrecer un techo, sino también enfrentar temores arraigados y brindar acompañamiento emocional.
Bartola fue encontrada en el centro histórico, sucio y temerosa, cuando un voluntario de la asociación local la avistó buscando restos de comida. Tras ser ingresada al refugio, recibió atención veterinaria y un programa de socialización que la ayudó a confiar en los humanos. Finalmente, una familia del sur de la ciudad la adoptó, y hoy la perra muestra una conducta mucho más relajada, disfrutando de paseos y juegos en el patio.
Nala, por su parte, llegó a manos de una pareja joven que deseaba un animal de compañía. Al principio, la perra mostraba signos de ansiedad, temblorosa ante ruidos fuertes y reacia a acercarse a extraños. Con la ayuda de un adiestrador especializado, la familia implementó rutinas de refuerzo positivo y ejercicios de desensibilización, lo que redujo notablemente sus temores. Ahora Nala se ha convertido en la guardiana de la casa y participa activamente en actividades al aire libre.
Frida representa la historia de una adopción a largo plazo. Rescatada hace dieciséis años cuando era una cachorra abandonada, ha vivido con la misma familia desde entonces, convirtiéndose en un miembro integral del hogar. A lo largo de los años, la familia ha atendido sus problemas de salud y ha adaptado su entorno para que la anciana perra se sienta segura, demostrando que el compromiso con un animal puede perdurar toda una vida.
Los casos de Bartola, Nala y Frida subrayan la importancia de la educación sobre el comportamiento canino y la necesidad de recursos para el rescate. Organizaciones locales solicitan más voluntarios y fondos para ampliar sus programas de rehabilitación, ya que cada perro rescatado requiere tiempo, paciencia y apoyo profesional.
En Xalapa, la comunidad ha respondido positivamente, organizando jornadas de adopción y campañas de concientización. Historias como la de estas tres perritas inspiran a otros ciudadanos a considerar la adopción responsable, recordando que el amor y la dedicación pueden transformar el miedo en confianza y felicidad.
Fuente: Diario de Xalapa