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Vecinos de Palma ocupan plazas con cenas para recuperar espacios de los turistas

por editor
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En la ciudad balear de Palma, la masiva afluencia de turistas ha convertido las plazas históricas en escenarios de fotos y terrazas al aire libre, dejando a los residentes sin lugares para disfrutar de la vida urbana. Ante esta presión, un colectivo vecinal llamado Brunzit ha ideado una forma pacífica pero contundente de reclamar esos espacios: organizar cenas al aire libre cada miércoles, llenando las plazas con cientos de residentes y sus tuppers. La iniciativa surgió como respuesta a los 13,6 millones de visitantes que Mallorca recibió el año pasado, una cifra que ha saturado el centro histórico y ha desplazado a la población local de sus propias áreas comunes.

El primer objetivo de Brunzit fue la Plaça Major, situada frente a la catedral y con vistas al mar, que se convirtió en el escenario de la primera cena masiva. Aproximadamente 500 vecinos se reunieron para compartir alimentos y conversar, demostrando que la ocupación pacífica puede ser una herramienta de presión. Tras el éxito en la Plaça Major, el colectivo extendió la acción a la Plaça d’en Coll, la Seu, la plaza Llorenç Villalonga y la calle Fàbrica, donde también se registraron concentraciones similares durante el fin de semana pasado. Cada evento busca reconquistar metros cuadrados que, según los organizadores, llevan años cedidos al turismo sin ningún tipo de regulación equitativa.

El conflicto alcanzó su punto álgido el 21 de julio, cuando la Plaça de Cort, una de las más céntricas, negó el permiso a los vecinos a tan sólo dos días de la cena programada. Brunzit y los ateneos de Canamunt denunciaron que el Ayuntamiento había aprobado el permiso en mayo, pero lo retiró en el último momento, alegando que la plaza ya había albergado 89 actos ese año. La autoridad municipal ofreció alternativas en Llorenç Villalonga, Llorenç Bisbal y d’en Coll, pero los residentes respondieron con una concentración de 200 personas que criticó la doble vara del consistorio: “para turistas sí hay permiso, para nosotros no”.

La patronal de hostelería, CAEB, intervino solicitando que las cenas vecinales no obliguen a los bares a retirar sus terrazas, argumentando que ello provocaría pérdidas económicas. Sin embargo, los organizadores sostienen que el crecimiento desmedido de terrazas y negocios orientados al turista ha expulsado a los residentes del centro, reduciendo su calidad de vida. En Barcelona, por ejemplo, la superficie destinada a terrazas pasó de 44,496 a 75,802 metros cuadrados en pocos años, una tendencia que se replica en Palma.

El número de participantes ha crecido de poco más de 200 el año pasado a más de 500 en la última edición, según Pau Riera, portavoz de Brunzit. Este aumento refleja la frustración creciente entre los habitantes, que ven cómo sus plazas tradicionales se convierten en meros fondos fotográficos para visitantes extranjeros. La estrategia de los vecinos no busca solo molestar, sino evidenciar la necesidad de una regulación más equilibrada que garantice el derecho de los residentes a disfrutar de los espacios públicos.

Mientras tanto, el Ayuntamiento de Palma enfrenta la presión de equilibrar el impulso económico del turismo con la preservación del bienestar local. Las próximas semanas serán decisivas para definir si se adoptan medidas que limiten la proliferación de terrazas y se establezcan normas claras para el uso de plazas, evitando que la convivencia entre residentes y turistas se vuelva conflictiva.

Fuente: xataka

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