Los últimos indicadores del INEGI y la Secretaría de Salud revelan que sólo el 68,3% de los mexicanos califica su salud como buena o muy buena, una caída de 5,8 puntos respecto al año anterior. Este descenso sitúa la percepción de bienestar en su nivel más bajo desde 1987, a pesar de los avances médicos que han ampliado la esperanza de vida y mejorado el tratamiento de enfermedades crónicas.
El deterioro no es uniforme. Los hombres registran una disminución de 4,4 puntos, quedando en un 73,6% de autopercepción positiva, mientras que las mujeres experimentan una caída mayor de 7,1 puntos, situándose en apenas el 63,1%. La brecha de género sugiere que factores como la carga familiar, el acceso a servicios de salud mental y las condiciones laborales podrían estar influyendo en la forma en que las mujeres evalúan su estado de salud.
Geográficamente, los estados con peor desempeño son Galicia (61,6%), Canarias (63,8%) y Asturias (65,1%). En México, los datos muestran que las regiones más desfavorecidas presentan cifras similares, con mayor deterioro en áreas rurales y en comunidades con menor nivel educativo. La disparidad también se refleja en la clase social: el 74,4% de las mujeres de estrato alto se consideran saludables, frente al 55,9% de las de estrato bajo.
Aunque la pregunta «¿Cómo percibe su salud?» pueda parecer subjetiva, estudios internacionales demuestran que la autopercepción es un predictor independiente de mortalidad. Un análisis de 1997 concluyó que quienes califican su salud como mala duplican el riesgo de fallecimiento comparado con quienes la evalúan como excelente, incluso después de controlar variables clínicas.
Otro hallazgo relevante es el aumento de la población que reporta enfermedades crónicas, que pasó del 57,7% al 66,2% en apenas dos años. Los expertos señalan que la metodología de la encuesta, ahora realizada mayoritariamente en línea, podría estar influyendo en la mayor honestidad de los encuestados, reduciendo el sesgo de deseabilidad social que se observa en entrevistas presenciales.
En conclusión, la brecha entre los avances tecnológicos en medicina y la percepción de salud de la población mexicana apunta a factores sociales, psicológicos y metodológicos que deben ser atendidos. Políticas públicas que fortalezcan la salud mental, reduzcan inequidades y promuevan la educación sanitaria podrían revertir esta tendencia y mejorar la calidad de vida de los ciudadanos.
Fuente: Xataka