El miércoles 23 de septiembre marca el inicio oficial del otoño meteorológico en México y el resto del mundo, pero en la península ibérica el termómetro sigue marcando máximas de verano. Según el boletín de AEMET del 11 de septiembre, la semana presentaba “mayores incertidumbres” climáticas; una semana después, la agencia describía el periodo como “plenamente veraniego” en gran parte del territorio, con temperaturas que rondan los 32‑34 °C y picos de 35 °C en el sur de Galicia, la cuenca del Ebro, Extremadura y el valle del Guadalquivir.
El domingo pasado se registró la máxima nacional en Pontevedra capital: 36,9 °C, trece grados por encima de la media histórica de septiembre. Este exceso se explica por cielos despejados, vientos de origen norteafricano y, sobre todo, por un mar Mediterráneo que mantiene temperaturas superficiales anormalmente altas. La temperatura media del agua en la costa española alcanzó los 27,2 °C el 12 de septiembre, superando la norma en 1,5‑3,5 °C, lo que retiene el calor y retrasa la caída de las temperaturas en tierra.
El efecto se percibe también en el interior: Meteored pronostica hasta 38 °C en Sevilla y Córdoba, mientras que AEMET indica 35 °C en Zaragoza, Badajoz y Ourense, todas cifras por encima de la media del mes. En términos de calendario, el otoño meteorológico comenzó el 1 de septiembre, justo antes de una de las olas de calor del año; el otoño astronómico arranca este miércoles con 35 °C en la mayor parte del país, y el otoño climático, definido por tendencias de medio siglo, se está desplazando cada vez más hacia finales de año.
El plan estatal de altas temperaturas, que activa medidas de protección ciudadana, está programado para desactivarse el 30 de septiembre, aunque las condiciones actuales sugieren que el calor persistirá al menos hasta finales de mes. Sólo Canarias, el bajo Guadalquivir y algunos puntos del Mediterráneo podrían experimentar un descenso notable de las máximas.
Lo más preocupante es el legado del calor en el Mediterráneo. Un temporal reciente dejó más de 90 l/m² en una hora en la costa de Barcelona, generando inundaciones y complicaciones en otras áreas costeras. Estas anomalías indican que el otoño, tal como lo conocemos, aún no ha llegado; la región ha estado acumulando calor durante semanas, retrasando su puesta de largo.
En los próximos días, la frase que mejor resume la situación es “verano de día y otoño de noche”. La persistencia del calor no solo afecta el confort cotidiano, sino que también plantea retos para la gestión hídrica, la agricultura y la salud pública, recordando que el cambio climático está redefiniendo los límites de las estaciones tradicionales.
Fuente: xataka