En España conviven más de 7,5 millones de perros con sus dueños, según el último censo del Ministerio de Derechos Sociales. Esa cifra, que podría superar los 10 millones según otras estimaciones, sitúa a la mascota como un compañero más frecuente que un hijo en muchos hogares. El creciente número de canes ha impulsado la reciente Ley de Bienestar Animal, que regula su comercialización, maltrato y abandono, y ha despertado el interés de quienes consideran añadir un perro a su familia.
Hugo Fernández, educador canino y fundador de En Clave de Can, ofrece una guía práctica para quienes piensan adoptar o comprar un perro. Su primer consejo es informarse a fondo sobre la raza o cruces posibles. “Muchos eligen un perro por su tamaño sin conocer su temperamento; un Jack Russell, por ejemplo, es pequeño pero extremadamente enérgico”, advierte. Recomienda acompañar la decisión con un profesional para aumentar las probabilidades de éxito desde el inicio.
Diversos estudios, como el realizado por investigadores estadounidenses en más de 2 100 canes, demuestran que la raza explica apenas el 9 % del comportamiento individual. La mayor parte se debe a la socialización, el entorno y la edad del animal. Fernández señala que la edad es crucial: los cachorros requieren tiempo, ejercicio y contacto con otros perros bien equilibrados, mientras que los canes mayores pueden ofrecer una compañía más tranquila pero también necesitan adaptaciones específicas.
El experto insiste en no apresurarse. Cada perro es un individuo con su propio carácter, por lo que es fundamental conocerlo antes de decidirse. Sugiere visitar la protectora, pasear al futuro compañero y permitirle explorar la casa gradualmente. “La vivienda incluye la escalera, el rellano y la calle; es importante que el perro se familiarice con todos esos espacios antes de instalarse”, explica.
Un detalle técnico que a menudo se pasa por alto es el tipo de suelo. Fernández y la creadora de contenido María VetiCam coinciden en que superficies resbaladizas pueden generar tensiones articulares y acelerar la artritis, sobre todo en perros mayores. Recomiendan alfombras, suelos vinílicos o calcetines antideslizantes para evitar lesiones y mejorar la comodidad del animal.
Finalmente, la cuestión de vivir en un piso no es un obstáculo si se cumplen ciertos requisitos: ejercicio diario, interacción social con otros perros, alimentación adecuada y, sobre todo, tiempo de calidad con el dueño. “Un perro puede vivir plenamente en un apartamento siempre que su familia le dedique atención y cubra sus necesidades básicas”, concluye Fernández, quien también aboga por la formación de los propietarios mediante cursos de educación canina.
Adoptar un perro implica responsabilidad, pero con información, paciencia y adaptación, la convivencia puede ser enriquecedora tanto para la mascota como para sus dueños.
Fuente: xataka