Inicio TecnologiaLenin y el ladrón del Rolls‑Royce: la anécdota que casi cambia la historia rusa

Lenin y el ladrón del Rolls‑Royce: la anécdota que casi cambia la historia rusa

por editor
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En la madrugada del 6 de enero de 1919, Vladimir Lenin abandonó el Kremlin en un flamante Rolls‑Royce negro para visitar a su esposa enferma, Nadia Krúpskaya, en la finca de Gorki. A su lado iban su hermana Mariya y el guardaespaldas Iván Chabanov, mientras la nieve cubría las calles de Moscú. El convoy parecía una escena sacada de una película, pero el destino les tenía preparada una sorpresa inesperada.

Al internarse en un camino poco transitado, fueron detenidos por un grupo de hombres uniformados que, al ver el lujoso automóvil, exigieron que descendieran. Entre los oficiales se encontraba Yákov Kuznetsov, conocido en el bajo mundo moscovita como “el Monederos”. A sus 29 años, Kuznetsov ya había acumulado varias condenas y se había ganado la reputación de jefe informal de la noche en la capital, aunque desconocía por completo quién era el líder del nuevo gobierno soviético.

Con una sonrisa burlona, el joven gánster desafió al dirigente comunista: “¿Y qué si eres Lenin?”. Sin reconocer al hombre de peluca rapada y mirada penetrante, el ladrón solo buscaba una cosa: el valioso Rolls‑Royce. Ordenó a sus secuaces que obligaran a Lenin, su hermana y el guardaespaldas a bajarse, les arrebataran documentos y la pistola Browning, y los abandonaran en medio de la ventisca.

La maniobra, sin embargo, no salió como esperaba. Chabanov, anticipándose al peligro, había desviado al líder del camino principal y lo había ocultado junto a Mariya, evitando que los criminales lo capturaran. Cuando los ladrones revisaron los papeles robados, se dieron cuenta de la magnitud del error: tenían en sus manos al presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo.

La reacción de la Checa, la policía bolchevique creada por Felix Dzerzhinski, fue inmediata. Se lanzó una cacería sin precedentes para capturar a Kuznetsov, quien logró evadir a los agentes durante varios meses gracias a sus contactos en los bajos fondos. Su suerte se agotó en julio de 1919, cuando fue abatido en un tiroteo, cerrando el capítulo de una anécdota que, de haber terminado distinto, podría haber alterado el curso de la Revolución.

Este episodio ilustra la fragilidad de la historia: un simple intento de robo a un coche de lujo casi puso en jaque al líder de la URSS. Además, revela la compleja relación entre el nuevo régimen comunista y la criminalidad urbana, que más tarde daría origen a los famosos “vori v zakone”. La figura de Lenin, aunque poderosa, no estaba exenta de los peligros cotidianos de una Rusia sumida en la anarquía post‑revolucionaria.

Fuente: xataka

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