En España la escasez de viviendas asequibles está llevando a los propietarios a sacrificar los espacios comunes de los pisos para maximizar ingresos. Cada vez son más los jóvenes que, al buscar alquiler, se encuentran con apartamentos donde el salón, la terraza o el comedor han sido transformados en dormitorios individuales. El caso de Hilal, una estudiante de 21 años que vive en Málaga, ilustra la tendencia: paga 450 euros por una habitación que en realidad ocupa el salón reconvertido, mientras sus compañeras pagan menos por áreas más pequeñas.
Esta práctica, conocida informalmente como “apartamentos sin zonas comunes”, responde a una lógica simple: al dividir una vivienda en más habitaciones se incrementa el número de inquilinos y, por ende, la renta total que percibe el casero. En muchos casos se cierran terrazas o se reducen comedores para crear dormitorios adicionales, a menudo con precios diferentes según el tamaño del espacio. La medida ha generado polémica porque, aunque técnicamente cumple con las normas de habitabilidad municipales, elimina los lugares de convivencia que son esenciales para la vida social de los jóvenes.
El Gobierno español ya intentó regular este fenómeno con los decretos exprés sobre vivienda presentados en octubre, los cuales fracasaron en el Parlamento. Actualmente se trabaja en un nuevo decreto‑ley que busca impedir que la suma de alquileres de habitaciones suple la renta que tendría la vivienda completa en zonas con mercado tensionado. La intención es que los propietarios no puedan justificar la transformación de salones en habitaciones bajo el argumento de la demanda.
Testimonios como el de Alba, estudiante de 20 años que también vive sin salón, confirman que la falta de espacios comunes afecta la convivencia y el bienestar. “Con un salón te relacionas más con las compañeras”, afirma, y reconoce que la necesidad de un área común supera el ahorro económico. Otros casos, como el de Lucía en Madrid o Sonia y Camila en Barcelona, describen pisos donde cada habitación se alquila como si fuera un pequeño piso independiente, con precios que superan los 800 euros.
Este fenómeno se inserta en una crisis residencial más amplia. Según Eurostat, la tasa de hacinamiento en España ha subido del 5,4 % en 2016 al 9,5 % en 2024, y en el sector de alquiler alcanza el 20,5 %. Entre los jóvenes de 15 a 29 años, la cifra se eleva al 16,2 %, mucho más alta que la media europea. El aumento de precios y la escasez de viviendas obligan a los inquilinos a aceptar condiciones que antes eran impensables.
Si bien la medida aún está en discusión, la presión de los jóvenes y la evidencia de un mercado cada vez más saturado podrían acelerar la aprobación de una normativa más estricta. Mientras tanto, la práctica de eliminar salones sigue creciendo, convirtiendo a los pisos en verdaderas colmenas de habitaciones aisladas y dejando a una generación entera sin espacios de convivencia esenciales.
Fuente: xataka