El ministro ruso de Relaciones Exteriores, Serguéi Lavrov, sostuvo una reunión con su homólogo cubano, Bruno Rodríguez Parrilla, en la sede de la Asamblea General de la ONU en Nueva York. El encuentro se dio en el marco de la Semana de Alto Nivel del 81.º período de sesiones, donde convergen jefes de Estado, ministros y diplomáticos de todo el mundo. Según un comunicado de la Cancillería rusa, la charla transcurrió en un “ambiente tradicionalmente abierto y de confianza”. Ambos mandatarios intercambiaron opiniones sobre la cooperación bilateral y los desafíos regionales, acordando una mayor coordinación en foros internacionales, especialmente en la ONU.
Durante la conversación, Lavrov reiteró el “apoyo inquebrantable” a la demanda cubana de levantar el bloqueo comercial, económico, financiero y energético impuesto por Estados Unidos. El diplomático ruso subrayó la necesidad de retirar a Cuba de la lista estadounidense de “Estados patrocinadores del terrorismo” y condenó la naturaleza extraterritorial de las sanciones unilaterales. Por su parte, Rodríguez defendió la postura de La Habana, calificando las medidas estadounidenses como una presión sin precedentes sobre la isla. Ambos coincidieron en que la eliminación de esas restricciones es clave para la seguridad regional y el desarrollo soberano de los países involucrados.
El comunicado ruso destacó que la reunión reforzó el compromiso de profundizar el diálogo y la cooperación estratégica entre Rusia y Cuba. Los ministros enfatizaron la importancia de construir un orden mundial más justo y multipolar, basado en el respeto a la soberanía y al derecho de cada nación a elegir su camino. Esta visión se inserta en el contexto de la Asamblea General, cuyo lema este año es “Restaurar la confianza, gestionar la transformación: una ONU que cumpla para todos”. La declaración busca contrarrestar las crecientes tensiones internacionales y los conflictos que marcan la agenda global.
La visita se produce en medio de la mayor presión que Washington ha ejercido sobre La Habana. El pasado 29 de enero, el presidente estadounidense firmó una orden ejecutiva que declara una “emergencia nacional” por una supuesta amenaza cubana, acusándola de alinearse con países hostiles y albergar grupos terroristas. Además, se anunciaron aranceles a los países que vendan petróleo a Cuba y posibles represalias contra quienes incumplan la medida. La respuesta cubana fue categórica, denunciando la acción como fascista y criminal, y prometiendo defender su integridad territorial.
El embargo económico estadounidense, vigente desde hace más de seis décadas, ha sido intensificado con nuevas sanciones que agravan la crisis en la isla. El presidente cubano, Miguel Díaz‑Canel, calificó las recientes decisiones como evidencia de una política estadounidense motivada por intereses personales. Mientras tanto, Trump anunció en marzo que “un gran cambio pronto llegará a Cuba”, insinuando un posible escalamiento de la presión. Estas declaraciones aumentan la incertidumbre sobre el futuro de la relación entre Cuba y Estados Unidos.
En este escenario, la alianza ruso‑cubana adquiere mayor relevancia como contrapeso a la política estadounidense. La coordinación en la ONU podría traducirse en votos conjuntos y discursos que cuestionen el bloqueo y promuevan la descolonización de la agenda internacional. Observadores internacionales señalan que la relación estratégica entre Moscú y La Habana busca fortalecer la posición de ambos países en un mundo cada vez más polarizado, donde la diplomacia multilateral se vuelve esencial para equilibrar intereses contrapuestos.
Fuente: RT Español