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Fósiles millonarios: el mercado privado que está cerrando la puerta a la ciencia

por editor
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En los últimos años el comercio de fósiles ha dejado de ser una curiosidad para convertirse en un negocio multimillonario que amenaza el avance de la paleontología. Coleccionistas adinerados adquieren piezas únicas mediante subastas, y los científicos quedan excluidos de su estudio, como ilustra el caso del paleontólogo argentino Federico Agnolín, quien nunca volvió a ver un fósil que le mostró un coleccionista europeo. Ese ejemplar, que podría haber aclarado el origen evolutivo de las víboras, quedó sellado en una vitrina privada, demostrando cómo el acceso a información crucial se vuelve un privilegio de pocos.

El fenómeno ha escalado a niveles récord: en julio de 2026 la casa Sotheby’s vendió el esqueleto completo de un Tyrannosaurus rex, apodado “Gus”, por 50,1 millones de dólares en apenas diez minutos de puja. Este precio supera cualquier transacción anterior y sitúa a los fósiles entre los objetos de lujo más codiciados, a la par de obras de arte y automóviles clásicos. La misma tendencia ha atraído a celebridades; Leonardo DiCaprio y Russell Crowe poseen piezas prehistóricas, mientras que Nicolas Cage devolvió un cráneo de Tarbosaurus tras descubrir su origen ilícito en Mongolia.

El impacto no se limita a los grandes depredadores. Este verano, una colección de cientos de fósiles marinos del Jurásico, reunidos en el Reino Unido, fue vendida a un museo en Abu Dabi por una cifra de ocho cifras. Paleontólogos británicos calificaron la operación como una “pérdida irreparable” porque los especímenes podrían haber revelado especies desconocidas y datos esenciales sobre ecosistemas antiguos. Cada pieza extraída sin registro científico pierde su contexto estratigráfico, información tan valiosa como el propio hueso.

Las estadísticas son alarmantes: solo el 11 % de los fósiles de T. rex descubiertos están en colecciones públicas accesibles para la investigación; el resto pertenece a coleccionistas privados o a empresas de subastas. Esta concentración de patrimonio natural impide que la comunidad científica verifique resultados, publique estudios y, en algunos casos, lleva a revistas a rechazar trabajos basados en material inaccesible.

Algunos proponen el “préstamo temporal” como solución, pero los investigadores advierten que la mera propiedad privada no garantiza la devolución o el acceso a largo plazo. Sin un marco legal sólido, los fósiles pueden desaparecer del registro público sin posibilidad de recuperación, dejando lagunas en el conocimiento humano.

En contraste, países como España y la mayoría de América Latina consideran los restos fósiles como patrimonio nacional, prohibiendo su comercio. En Estados Unidos y Reino Unido, la normativa permite la compra‑venta bajo ciertas condiciones, creando vacíos legales que facilitan el tráfico y la pérdida del contexto científico. La comunidad paleontológica demanda una regulación internacional que proteja estos recursos como patrimonio de la humanidad, no como objetos de lujo.

Fuente: xataka

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