La Cueva del Viento, ubicada en Icod de los Vinos, Tenerife, se ha consolidado como una de las formaciones volcánicas más extensas del planeta y como un refugio biológico sin precedentes. Formada hace unos 27.000 años por la solidificación de la superficie de un torrente de lava basáltica, la cueva cuenta con tres niveles interconectados que suman 18,5 kilómetros de galerías. Sus pasajes, nombrados Belén, el Sobrado, las Breveritas y los Piquetes, se alimentan de corrientes de aire generadas por diferencias de presión en sus siete bocas de acceso, de ahí su nombre.
Este tubo de lava, fenómeno raro que ocurre sólo cuando el flujo de lava es constante y suficientemente largo, ha permitido que la caverna se mantenga aislada de la luz y de los cambios climáticos externos. Según Esther Martín, conservadora de Paleontología y Geología del MUNA, la Cueva del Viento posee un protocolo pionero basado en estudios geotécnicos y técnicas geoespaciales avanzadas, lo que la convierte en un laboratorio natural de referencia mundial.
Un equipo liderado por Pedro Oromí y Sergio Socorro publicó recientemente en la revista *Diversity* el catálogo de 190 especies que habitan la cueva, entre plantas, animales y hongos. De ese total, 44 son troglobias, organismos adaptados exclusivamente a la oscuridad total, y al menos 15 especies son nuevas para la ciencia. Entre los descubrimientos destacan la cucaracha ciega *Loboptera subterranea* y los escarabajos *Domene vulcanica* y *Wolltinerfia martini*, que han perdido ojos, alas y pigmentación, y presentan antenas hiper‑sensibles para compensar la escasez de nutrientes.
Tenerife y La Palma son únicas en el mundo por la Ley del Cielo, promulgada en 1988 para proteger la oscuridad de sus observatorios astronómicos. Esta normativa ha favorecido la conservación de la fauna subterránea, ya que la ausencia de luz artificial mantiene el entorno natural de la cueva. Un proyecto europeo LIFE protege además a murciélagos e invertebrados, mientras que la propia caverna cuenta con un Plan de Ordenación de los Recursos Naturales.
Los vestigios arqueológicos demuestran que los guanches ya conocían la cueva hace más de dos mil años, utilizándola como cementerio y lugar de enterramiento. En sus paredes se han hallado restos de la megafauna extinta de la isla, como el lagarto gigante *Gallotia goliath*, la rata gigante *Canariomys bravoi* y aves desaparecidas como la graja y la hubara.
Desde su apertura al público en 2008, la Cueva del Viento ha recibido cerca de 24.000 visitantes al año, con un pico de 23.409 turistas de 63 nacionalidades en 2025. Los residentes de Icod pueden entrar gratis el último domingo de cada mes, aunque solo los primeros 15 visitantes del grupo pueden recorrer los 200 metros de galería accesibles, mientras el resto del laberinto permanece reservado a la investigación científica.
Fuente: Xataka