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El menú del día español: de la estrategia turística franquista a la rutina cotidiana

por editor
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El “menú del día” es una de esas costumbres gastronómicas que parece inmortal en España, pero su origen es mucho más reciente de lo que muchos imaginan. La fórmula, que combina varios platos, bebida y postre a un precio inferior al de la carta, nació en la década de 1960 bajo el régimen de Franco, como parte de una política dirigida a atraer al creciente turismo internacional. En 1964 el Ministerio de Información y Turismo, liderado por Manuel Fraga, impuso a los establecimientos de hostelería la obligación de ofrecer un “menú turístico” con precios y composición regulados, garantizando a los visitantes platos típicos, pan y bebida.

Esta medida coincidió con el fin de la autarquía económica y la apertura del país a los mercados externos. El objetivo era presentar una oferta gastronómica estandarizada que facilitara la experiencia del turista y, al mismo tiempo, impulsara la economía local. Sin embargo, la normativa también estableció topes de precios según la categoría del local; los restaurantes de lujo podían cobrar hasta 250 pesetas, mientras que las tascas tenían un límite mucho menor. La rigidez provocó que muchos hosteleros buscaran esquivar la regla añadiendo suplementos por “composición” o “presentación”, práctica que, según crónicas de la época, hacía que la mayoría de los platos incluyeran cargos extra.

En 1969, tras la salida de Fraga, el nuevo ministro de Turismo rebautizó el “menú turístico” como “menú del día” y, a finales de los setenta, se transformó en “menú de la casa” con una relajación de los controles de precios. Esta evolución permitió que la fórmula se popularizara entre la clase trabajadora española, convirtiéndose en una alternativa económica a la carta tradicional. En los años ochenta, el menú ya era sinónimo de comida rápida y asequible, y su obligatoriedad desapareció en 2010, dejando su regulación en manos de las comunidades autónomas.

Hoy, el menú del día sigue siendo una pieza clave del sector de la restauración, aunque enfrenta nuevos retos. El precio medio ha subido a 14,2 euros en 2025, un 1,5% más que el año anterior, lo que amenaza su atractivo de “buen, bonito y barato”. Además, la competencia de los “mercaurantes” de cadenas como Mercadona y la creciente preferencia por opciones rápidas y snackeadas están erosionando la demanda de la tradicional oferta de tres platos.

Los analistas advierten que, si bien el menú del día conserva su carácter institucional, su futuro dependerá de la capacidad de los restauradores para adaptarse a los cambios de consumo sin perder la propuesta de valor que lo hizo popular: calidad, variedad y precio accesible. La historia del menú muestra cómo una política turística autoritaria se transformó en un hábito cotidiano, pero también revela la fragilidad de una práctica que ahora debe reinventarse para sobrevivir en un mercado cada vez más competitivo.

En conclusión, el menú del día es testigo de la evolución económica y social de España, desde la dictadura franquista hasta la era de la globalización gastronómica. Su permanencia dependerá de la innovación y de la capacidad de los hosteleros para equilibrar tradición y modernidad, manteniendo la esencia que lo convirtió en un referente de la comida española.

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Fuente: xataka

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