Los ejecutivos de la industria automotriz mundial admiten que los fabricantes chinos han encontrado la fórmula para producir coches a un costo que parece inalcanzable para sus rivales occidentales. Jim Farley, director general de Ford, y Terry Woychowski, ex‑alto ejecutivo de General Motors y ahora presidente de Caresoft Global Technologies, coinciden en que el modelo de producción chino representa una amenaza existencial para las marcas tradicionales. Ambos señalan que la diferencia no está en la calidad del producto, sino en la manera de diseñar y ensamblar los componentes, lo que permite a los fabricantes chinos reducir drásticamente los precios sin sacrificar fiabilidad.
Caresoft Global es una consultora especializada en desmontar vehículos y analizar cada pieza para identificar oportunidades de ahorro. En una reciente demostración para periodistas de Automotive News, la firma mostró cómo los fabricantes chinos sustituyen materiales costosos por alternativas mucho más baratas. Por ejemplo, en la fabricación del techo de los autos, los fabricantes estadounidenses utilizan imanes de tierras raras que cuestan alrededor de un dólar cada uno, obligando a combinar acero y aluminio para su fijación. Los chinos, en cambio, emplean tiras adhesivas que cuestan apenas un centavo, logrando un ahorro de al menos doce dólares por vehículo y simplificando el proceso.
Otro caso emblemático es el del salpicadero. Mientras que las marcas tradicionales siguen usando metales pesados para reforzar la estructura, los fabricantes chinos y empresas como Tesla optan por plásticos de alta resistencia, lo que reduce peso, coste y tiempo de montaje. Según Woychowski, estas decisiones “no afectan la seguridad ni la experiencia del conductor, pero sí encarecen innecesariamente el producto”.
El apoyo estatal también juega un papel crucial. El China Automotive Technology & Research Center (CATARC), creado en 1985, establece normas de homologación y brinda asistencia técnica para el desarrollo de sistemas avanzados, incluidos los de asistencia y conducción autónoma. Este ecosistema permite a los fabricantes chinos acortar el ciclo de desarrollo de una pieza de nueve meses a apenas un mes, y reducir el tiempo para concertar citas con proveedores de dos meses a una semana.
Empresas occidentales ya están tomando nota. Toyota, tras recibir el informe de Caresoft, ha comenzado a replantear sus procesos, aceptando que algunos detalles tradicionales pueden ser prescindibles sin comprometer la calidad. Renault, por su parte, trasladó el desarrollo del nuevo Twingo a China, reconociendo la velocidad y eficiencia del entorno local.
En conclusión, la ventaja competitiva china no radica solo en la mano de obra más barata, sino en una combinación de diseño simplificado, materiales alternativos y un marco institucional que fomenta la innovación rápida. Si las marcas occidentales no adaptan sus métodos, podrían perder cuota de mercado en los próximos años.
Fuente: Xataka