El Banco Central de los Países Bajos anunció esta semana el traslado de 86 toneladas de oro desde sus depósitos en EE. UU. y Canadá hacia las bóvedas del Banco de Inglaterra en Londres. Según el comunicado oficial, la medida busca “estar mejor preparados para crisis graves” y responde a la “creciente inestabilidad geopolítica” que afecta al mundo.
Esta decisión se suma a un movimiento similar de otras potencias europeas. Francia, a comienzos de año, repatrió sus reservas de oro desde Estados Unidos a territorio nacional, mientras que el Bundesbank alemán ha ido trasladando más de 216 toneladas desde depósitos en Nueva York y París durante la última década. Históricamente, durante la Guerra Fría varios bancos centrales europeos también enviaron parte de su oro a Nueva York, pero la actual ola de reubicaciones refleja una nueva era de incertidumbre.
Los analistas de Goldman Sachs, Lina Thomas y Daan Struyven, explican que la ubicación de los lingotes ya no es solo una cuestión de seguridad física, sino también de liquidez. Londres, como principal centro financiero mundial, permite comprar o vender oro rápidamente en caso de emergencia, algo que los bancos centrales valoran para proteger sus reservas frente a shocks económicos, inflación y tipos de interés volátiles.
El propio Joseph Cavatoni, estratega senior del Consejo Mundial del Oro, señaló que aunque guerras comerciales y tensiones militares influyen, no son el factor dominante. “La gente está mejor informada sobre cómo gestionar sus activos de reserva y maximizar su utilidad”, afirmó, subrayando que la estrategia busca flexibilidad y rapidez de acceso, no una expectativa de catástrofe inminente.
El proceso logístico detrás de la transferencia es complejo y altamente securizado. Empresas especializadas como Brink’s Global Services reportan un aumento en la demanda de servicios de traslado para bancos centrales. En algunos casos, el oro se vende en un mercado y se compra simultáneamente en otro, registrando la transferencia sin mover físicamente los lingotes, aunque en el caso holandés se transportaron 27 toneladas directamente a la ciudad de Zeist y luego a Londres.
El costo del almacenamiento interno es elevado, especialmente para bancos más pequeños, que deben invertir en infraestructura, seguros y auditorías. Por eso, la tendencia de los bancos centrales a concentrar sus reservas en grandes custodios como el Banco de Inglaterra sigue en alza, impulsada por la necesidad de reducir gastos y garantizar una gestión eficiente de sus activos.
Con los precios del oro rondando los US$5,000 la onza y se proyecta que alcancen los US$4,900 a finales de 2026, la demanda de este metal como refugio sigue creciendo. La reubicación de reservas europeas a Londres evidencia una estrategia preventiva: mantener el oro cerca de los mercados financieros clave para responder rápidamente a cualquier turbulencia futura.
Fuente: Bbc