El proyecto Andes Solar, ubicado en la región de Antofagasta, se está consolidando como uno de los hubs de energía renovable más ambiciosos de América Latina. Con una potencia instalada de 692 megavatios y una superficie de 1,181 hectáreas, la planta puede abastecer a cerca de 800,000 hogares chilenos. Lo que la diferencia de otras instalaciones es su integración de 510 megavatios de capacidad de almacenamiento en baterías, una apuesta inédita en la zona desértica del Atacama.
Construido en etapas desde 2016, Andes Solar ha recibido una inversión superior a 1,300 millones de dólares, lo que lo posiciona entre los proyectos más costosos y de mayor escala del continente. Cada fase ha añadido nuevas matrices fotovoltaicas y sistemas de almacenamiento, creando un complejo que no solo genera energía, sino que también la guarda para su uso posterior. Esta arquitectura permite que la energía producida en las horas de máxima radiación solar sea retenida y liberada durante la noche o en periodos de alta demanda.
En los sistemas eléctricos tradicionales, la energía solar se inyecta directamente a la red en tiempo real, lo que genera problemas de “curtailment” o deslastre cuando la red no puede absorber todo el suministro. China, por ejemplo, desperdicia cantidades de energía renovable que podrían cubrir la demanda anual de México. La solución chilena, al contar con baterías de gran capacidad, elimina prácticamente este desperdicio, garantizando que cada kilovatio‑hora producido tenga un destino útil.
El impacto de este modelo se extiende más allá del ahorro de energía. Los centros de datos de gigantes tecnológicos como Google y Microsoft, instalados en la zona metropolitana de Santiago, requieren una fuente constante y flexible de electricidad. La capacidad de respuesta inmediata que ofrecen las baterías permite a estos centros operar con mayor estabilidad y reducir su dependencia de fuentes fósiles, alineándose con sus metas de sostenibilidad.
Además, la iniciativa refuerza la posición de Chile como líder en energías limpias en la región. El desierto de Atacama, reconocido por su alta irradiación solar, se ha convertido en una joya estratégica que, sin embargo, enfrenta riesgos medioambientales. Al maximizar el aprovechamiento de la energía solar mediante almacenamiento, se disminuye la presión sobre el ecosistema y se promueve un desarrollo más responsable.
En conclusión, el proyecto Andes Solar demuestra que la combinación de generación fotovoltaica masiva y almacenamiento en baterías puede ser un modelo replicable para otros países con recursos solares abundantes. La capacidad de evitar el desecho de energía y ofrecer suministro continuo marca un hito en la transición energética de Chile y abre la puerta a futuras inversiones en infraestructura verde.
Fuente: xataka