La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca ha reavivado una preocupación latente entre los socios y rivales de Washington: ¿Estados Unidos sigue teniendo la capacidad material para respaldar sus decisiones estratégicas? La guerra contra Irán, iniciada a finales del año pasado, ha puesto en evidencia el rápido consumo de misiles e interceptores, generando dudas sobre la disponibilidad de reservas suficientes. Mientras la administración estadounidense niega cualquier escasez y asegura que sus fuerzas armadas cuentan con recursos adecuados, varios centros de estudio apuntan a un desgaste significativo de los arsenales.
Según el Center for Strategic and International Studies (CSIS), citado por The Wall Street Journal, EE.UU. habría consumido alrededor de la mitad de sus interceptores Patriot y THAAD, y cerca de un tercio de sus misiles de largo alcance Tomahawk y JASSM desde el inicio del conflicto. Estos números sugieren que la capacidad de respuesta rápida está bajo presión, especialmente en escenarios donde se requieren varios interceptores para neutralizar un solo misil balístico. La producción de estos sistemas es costosa y lenta, lo que dificulta reponerlos a la velocidad que demandan los conflictos contemporáneos.
El dilema no se limita a Oriente Medio. En Europa, funcionarios y analistas expresan en privado su incertidumbre sobre la disposición de EE.UU. para comprometer recursos adicionales en caso de una escalada con Rusia. En Asia, la reducción de maniobras conjuntas con Corea del Sur y el traslado de activos militares hacia el Golfo han alimentado la percepción de una priorización de Washington en favor del Oriente Medio. Esta reorientación estratégica genera temores en aliados que dependen de la garantía de disuasión estadounidense.
Taiwán representa otro punto crítico. Un estudio del Council on Foreign Relations advierte que el desgaste del arsenal estadounidense podría mermar la capacidad de disuasión frente a China, y llama a acelerar la producción masiva de armamento de precisión. La falta de interceptores suficientes podría limitar la efectividad de la defensa antimisiles en la región, incrementando la vulnerabilidad de los socios asiáticos.
El Pentágono, por su parte, rechaza las conclusiones de los analistas. Sean Parnell, portavoz del Departamento de Defensa, calificó de falsas las afirmaciones sobre escasez de municiones y reiteró que el Ejército estadounidense sigue siendo la fuerza de combate más poderosa del mundo. Sin embargo, el CSIS estima que actualmente EE.UU. dispone de apenas 800 misiles Patriot, cifra insuficiente frente a la creciente demanda de Ucrania y los frentes de Oriente Medio.
Expertos señalan que la brecha entre la velocidad de producción de misiles ofensivos y la capacidad defensiva occidental revela los límites del poder militar estadounidense después de décadas de conflictos continuos. La necesidad de modernizar la base industrial de defensa y adoptar una lógica de economía de guerra se vuelve cada vez más evidente, mientras los aliados observan con cautela los próximos movimientos de Washington.
Fuente: RT Español