Inicio CienciaLos Ángeles ahorra agua con 96 millones de bolas negras, pero su huella hídrica es mil veces mayor

Los Ángeles ahorra agua con 96 millones de bolas negras, pero su huella hídrica es mil veces mayor

por editor
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En 2015 la ciudad de Los Ángeles lanzó una controvertida solución contra la sequía: cubrir el embalse de Sylmar con 96 millones de esferas de polietileno negro. El proyecto, que costó 34,5 millones de dólares, prometía bloquear el 95 % de la luz solar, reducir la evaporación y evitar la formación de bromato, un subproducto potencialmente cancerígeno, ahorrando más de 1.100 millones de litros de agua al año.

La idea no era nueva; desde 2008 se habían probado bolas similares en el embalse de Ivanhoe y en otros depósitos. Cada esfera, de diez centímetros de diámetro, contenía una pequeña cantidad de agua para evitar que el viento la desplazara, y su color negro, obtenido con negro de carbono, la protegía de la radiación ultravioleta. Comparada con la alternativa de cubiertas flotantes, que superaba los 300 millones de dólares, la medida parecía una opción económica y eficaz.

Sin embargo, en 2018 un estudio publicado en *Nature* introdujo una variable ausente en el relato original: la cantidad de agua necesaria para producir esas bolas. Investigadores del MIT, Imperial College London y la Universidad de Twente estimaron una huella hídrica entre 250 millones y 2.900 millones de litros, dependiendo de los procesos de extracción de petróleo, gas natural y energía eléctrica utilizados en la fabricación del polietileno.

Según sus cálculos, la producción de los 96 millones de esferas habría consumido aproximadamente 2,9 millones de metros cúbicos de agua, mientras que el ahorro neto durante la sequía analizada fue de 1,7 millones de metros cúbicos. En otras palabras, el proyecto necesitaría al menos dos años y medio para compensar su propia huella hídrica, y ese plazo se alarga en años menos secos, cuando la evaporación natural disminuye.

A la fecha, las bolas instaladas en 2015 han superado su vida útil prevista de diez años. El Departamento de Agua y Energía de Los Ángeles (LADWP) advierte que, con el tiempo, pueden perder integridad, abrirse o romperse, lo que obliga a retirarlas, reciclarlas y sustituirlas. Hasta ahora no se ha publicado un plan concreto de reemplazo ni se sabe cuántas piezas ya fueron retiradas.

El caso de Los Ángeles ilustra una lección importante para la gestión ambiental: una solución que parece ahorrar recursos en un lugar puede trasladar costos ocultos a otros, en forma de energía, agua y materias primas. La evaluación integral de la huella ambiental debe incluir todas las etapas del ciclo de vida, desde la extracción de materias primas hasta el desecho o reciclaje, para evitar que los “milagros” tecnológicos generen nuevos problemas.

A pesar de las críticas, las bolas negras cumplieron su objetivo sanitario al reducir la exposición del agua a la luz solar y disminuir la necesidad de cloro. Sin embargo, su legado invita a reflexionar sobre la verdadera sostenibilidad de las innovaciones temporales frente a inversiones más costosas pero potencialmente menos impactantes a largo plazo.

https://www.youtube.com/watch?v=uxPdPpi5W4o

Fuente: Xataka

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