Washington lanzó una serie de ataques aéreos contra instalaciones iraníes en el estratégico estrecho de Ormuz, justo días antes de la jornada electoral que definirá el futuro del país. Según fuentes militares estadounidenses, los objetivos fueron centros de mando y logística vinculados al programa de misiles balísticos de Irán, considerados críticos para su capacidad de proyección de fuerza en la región. Los ataques, ejecutados con aviones de combate F-15 y drones de reconocimiento, fueron anunciados como una respuesta a la reciente escalada de amenazas contra buques mercantes que transitan por la zona.
El estrecho de Ormuz, que conecta el Golfo Pérsico con el océano Índico, es una de las rutas marítimas más transitadas del mundo, con aproximadamente el 20% del petróleo global pasando por sus aguas. La presencia de fuerzas estadounidenses en la zona ha sido constante desde hace décadas, pero la intensidad de los recientes bombardeos marca un punto de inflexión en la relación entre EE.UU. e Irán. Analistas de seguridad señalan que el momento elegido, a escasa distancia de las elecciones iraníes, busca presionar al gobierno de Ebrahim Raisi y debilitar su posición interna.
En Irán, la respuesta oficial ha sido de condena firme. El Ministerio de Relaciones Exteriores calificó los ataques de “actos de agresión sin precedentes” y prometió una “respuesta proporcional”. Mientras tanto, la comunidad internacional muestra preocupación por la posibilidad de una escalada que afecte el suministro energético mundial. La ONU ha llamado a la calma y al diálogo, advirtiendo que cualquier interrupción prolongada en el estrecho podría desencadenar una crisis económica global.
En el plano interno, los iraníes se preparan para votar en una contienda que enfrenta al presidente en funciones, Ebrahim Raisi, contra varios candidatos de oposición que buscan reformas políticas y económicas. Los ataques pueden influir en la percepción pública, presentando al gobierno como víctima de agresiones externas y, al mismo tiempo, generando críticas por la vulnerabilidad de la seguridad nacional.
Expertos en geopolítica destacan que la acción estadounidense busca enviar un mensaje a Teherán antes de que el nuevo mandato de Raisi se consolide. Sin embargo, también advierten que la estrategia podría tener consecuencias contraproducentes, alimentando el nacionalismo iraní y reforzando la narrativa de resistencia contra la intervención extranjera.
En los próximos días se esperan declaraciones tanto de la Casa Blanca como del Consejo de Seguridad de la ONU, mientras los mercados internacionales monitorean el precio del crudo. La comunidad marítima, por su parte, ha incrementado la vigilancia en el estrecho, adoptando rutas alternas y reforzando la seguridad de los buques que cruzan la zona. La situación sigue siendo volátil y cualquier escalada adicional podría repercutir en la estabilidad económica y política de la región.
Fuente: Jornada