En los últimos años la idea de plantar árboles en las ciudades ha sido promocionada como una medida clave para mitigar el aumento de temperaturas y reducir las muertes asociadas al fenómeno de isla de calor. Estudios europeos indican que, si la cubierta arbórea alcanzara el 30 % del suelo urbano, la temperatura media podría bajar alrededor de 0,4 °C y evitar más de 2 600 fallecimientos prematuros durante los veranos. Sin embargo, investigaciones recientes revelan que el efecto refrescante de los árboles depende de variables como la humedad del suelo, la geometría de las calles y el clima local.
Un equipo de investigadores del ICTA‑UAB y el CIEMAT realizó simulaciones en el distrito del Eixample de Barcelona, comparando la calle Balmes, con escaso arbolado, y la calle Aribau, donde los árboles son numerosos y altos. Utilizando el modelo BEP‑Tree, los científicos observaron que, cuando el suelo está húmedo, la vegetación puede reducir la temperatura del aire en promedio 1,2 °C y disminuir el índice de estrés térmico en 3,2 °C. En los puntos críticos, la sensación de calor para un peatón cayó hasta 12,3 °C, evidenciando un beneficio tangible en condiciones favorables.
No obstante, la ventaja desaparece cuando el suelo se seca. En escenarios de sequía profunda, la misma calle densamente arbolada mostró una temperatura del aire 0,3 °C superior a la de la calle casi sin árboles. La razón radica en que la masa arbórea densa actúa como una tapa que obstaculiza la ventilación, atrapando el calor irradiado por edificios y asfalto. Además, en las tardes de ola de calor, la humedad liberada por las hojas puede generar una sensación de sauna, dificultando la evaporación del sudor y aumentando el estrés térmico del peatón.
Estos hallazgos coinciden con observaciones en otras ciudades, como Zúrich, donde incluso árboles bien regados no lograron contrarrestar el calor extremo durante olas de temperatura. A nivel global, un estudio publicado en *Nature* concluyó que el arbolado urbano actual mitiga aproximadamente la mitad del efecto isla de calor, pero el beneficio percibido por la población es apenas de 0,15 °C, concentrado mayormente en países ricos y barrios acomodados.
La evidencia sugiere que la plantación indiscriminada de árboles no es una solución universal. Las autoridades deben considerar factores locales como la disponibilidad de agua, el diseño urbano y la orientación de las calles antes de lanzar campañas masivas de arborización. Sin una planificación adecuada, los árboles podrían, paradójicamente, intensificar el calor en zonas vulnerables.
En México, donde las olas de calor se vuelven más frecuentes, estos resultados invitan a repensar las estrategias de mitigación climática. Integrar sistemas de riego eficientes, elegir especies adaptadas al clima seco y diseñar corredores verdes que favorezcan la ventilación podrían maximizar los beneficios y evitar efectos contraproducentes.
Fuente: xataka