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El ‘boterismo’ de Botero: volumen, historia y legado artístico

por editor
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Fernando Botero, el artista colombiano que convirtió el volumen en su sello, sigue generando debate y admiración a años de su muerte. Su obra “Mona Lisa” (1978), con la figura femenina de cuerpo redondeado y mirada directa, recuerda al retrato de Leonardo pero lleva la impronta del “boterismo”: figuras exageradas, cabezas grandes y colores vivos. La pieza forma parte de la exposición “Fernando Botero: In Praise of an Amplified World”, que la galería Opera en Londres mantiene abierta hasta finales de noviembre, ofreciendo al público una muestra completa de su universo visual.

El estilo de Botero nació en 1956, cuando vivía en Ciudad de México y, al pintar una mandolina, percibió que el instrumento adquiría una forma desmesurada. Ese accidente marcó el inicio de una carrera donde todo, desde frutas hasta monumentos, se inflaba para celebrar la presencia de la cosa. “Para él el arte debía crear placer”, recuerda su hijo Fernando Botero Zea, exministro de Defensa de Colombia, subrayando que el artista buscaba elevar el ánimo del espectador mediante forma y color.

El “boterismo” no es mera caricatura; Botero lo vinculó a la tradición europea. En el año 2000 donó al Banco Central de Colombia su colección personal, que incluye obras de Picasso, Monet y Dalí, para situar su nombre al mismo nivel que los grandes maestros. Su reinterpretación de clásicos como la “Mona Lisa” o la “Menina” de Velázquez muestra una conversación constante con el Renacimiento, periodo que él consideraba el cenit de la historia del arte.

A lo largo de su trayectoria, Botero rechazó la etiqueta de “pintor de gordos”. En 2014 declaró que nunca buscó representar la obesidad, sino el volumen como forma de vida. Esta postura explica por qué sus esculturas de bronce, instaladas en Park Avenue y los Campos Elíseos, también poseen esa plenitud que invita al público a reconocer la figura sin necesidad de un crítico.

El impacto económico de su obra es notable: “Los músicos” (1979) alcanzó 5,1 millones de dólares en una subasta de Christie’s tras su fallecimiento. Sus piezas siguen circulando en museos internacionales, como el MoMA, que adquirió “La Mona Lisa a los doce años” en 1961, consolidando su presencia en el panorama global.

Más allá del mercado, Botero abrió una brecha entre el arte “alto” y el “bajo”, mostrando que imágenes europeas pueden integrarse a la cultura visual latinoamericana. Restaurantes y bares en Colombia reproducen sus versiones de la Mona Lisa, evidenciando cómo sus reinterpretaciones trascienden museos y llegan al cotidiano.

En conclusión, el legado de Botero radica en su capacidad de crear un universo propio donde el volumen celebra la vida, la historia del arte y la identidad colombiana, manteniendo su obra vigente tanto en galerías como en la imaginación popular.

Fuente: Bbc

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