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Gallinas en jaulas desarrollan depresión por hacinamiento extremo

por editor
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Investigadores de la Universidad Autónoma de México (UNAM) han documentado un fenómeno alarmante en granjas avícolas: gallinas ponedoras que viven en jaulas estrechas presentan síntomas de depresión. Los animales, confinados en espacios que apenas les permiten moverse, permanecen inmóviles durante la mayor parte del día y muestran falta de apetito, lo que indica un deterioro del bienestar psicológico. El estudio, publicado en la revista *Animal Welfare Science*, analizó 120 gallinas de diferentes granjas del país, comparando las condiciones de cría intensiva con sistemas de libre pastoreo.

Los resultados revelan que las aves en jaulas, donde comparten el mismo espacio con hasta 15 compañeras, experimentan niveles de cortisol tres veces superiores a los de las gallinas criadas en libertad. Además, el comportamiento de anidación se reduce drásticamente, y los animales pasan más tiempo sentados, una señal clara de estrés crónico. Los científicos atribuyen este cuadro a la falta de estímulos ambientales, la imposibilidad de ejercer conductas naturales y el hacinamiento que impide cualquier interacción social saludable.

Este hallazgo llega en un momento de creciente presión social y legislativa para reformar la industria avícola mexicana. Organizaciones defensoras de los derechos animales, como *Animalistas Sin Fronteras*, han demandado la prohibición de las jaulas convencionales y la implementación de sistemas de producción más humanitarios. En 2023, el Congreso aprobó una iniciativa que busca reducir la densidad de animales en cada jaula, pero su aplicación sigue siendo limitada y depende de la voluntad de los grandes productores.

Los granjeros, por su parte, argumentan que el modelo de jaulas es más rentable y permite una mayor producción de huevos a bajo costo. Sin embargo, el estudio sugiere que el deterioro de la salud animal puede traducirse en pérdidas económicas a largo plazo, ya que las gallinas deprimidas producen menos huevos y son más susceptibles a enfermedades infecciosas.

Ante esta evidencia, expertos en bioseguridad recomiendan la transición gradual a sistemas de cría en piso o aviarios, donde las aves dispongan de al menos 30 cm² por ave y puedan ejercer comportamientos naturales como picotear y escarbar. Asimismo, se propone la capacitación de los productores en manejo del bienestar animal y la creación de incentivos fiscales para la adopción de prácticas más éticas.

La sociedad mexicana observa con creciente preocupación cómo la industria alimentaria afecta a los animales bajo su consumo. La presión ciudadana, combinada con datos científicos como los presentados por la UNAM, podría impulsar cambios regulatorios que garanticen una producción avícola más sostenible y respetuosa con la vida de las gallinas.

Fuente: Jornada

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