La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) enfrenta una ola de críticas por la complejidad y lentitud de sus procesos administrativos. Estudiantes y docentes denuncian que la acumulación de requisitos, formularios y firmas está retrasando la inscripción a materias, la obtención de becas y la realización de proyectos de investigación. Según testimonios recopilados en los últimos meses, el tiempo promedio para concluir un trámite simple supera los 30 días hábiles, lo que genera incertidumbre y afecta el calendario académico. La situación se ha convertido en tema de debate en los foros internos y en redes sociales, donde se exige una reforma estructural del sistema burocrático.
El origen de esta problemática se remonta a la década de los noventa, cuando la UNAM implementó un modelo de gestión centralizada para controlar el flujo de recursos y garantizar la transparencia. Sin embargo, la falta de modernización tecnológica y la proliferación de dependencias intermedias han convertido al proceso en una verdadera maraña de pasos obligatorios. Expertos en administración pública señalan que la ausencia de plataformas digitales integradas obliga a los usuarios a desplazarse físicamente a distintas oficinas, lo que incrementa los costos de tiempo y desplazamiento.
Recientemente, el Consejo Universitario aprobó una serie de medidas para simplificar los trámites, entre ellas la creación de un portal único de gestión documental y la digitalización de firmas. No obstante, los representantes estudiantiles afirman que la implementación ha sido parcial y que muchos de los sistemas siguen operando de manera aislada. En una reunión con la Dirección General de Servicios Administrativos, los estudiantes presentaron una lista de 12 demandas, que incluyen la reducción de requisitos para becas y la eliminación de formularios redundantes.
La burocracia también repercute en la investigación científica. Investigadores que buscan financiamiento interno deben presentar múltiples solicitudes y esperar largos periodos de respuesta, lo que retrasa la publicación de resultados y la participación en proyectos internacionales. En este contexto, la UNAM corre el riesgo de perder talento y de ver mermada su reputación como centro de excelencia académica.
Ante la presión, algunos sectores internos proponen la adopción de modelos de gestión basados en la experiencia del usuario, inspirados en universidades de Estados Unidos y Europa que han reducido drásticamente sus tiempos de respuesta mediante inteligencia artificial y automatización. Estas propuestas, sin embargo, requieren una inversión significativa y la voluntad política de romper con estructuras tradicionales.
Mientras tanto, la comunidad universitaria continúa organizando asambleas y marchas pacíficas para exigir cambios concretos. La expectativa es que, antes del próximo semestre, la UNAM pueda presentar resultados tangibles que demuestren una mejora real en sus procesos administrativos, garantizando así una educación más ágil y eficiente.
Fuente: Jornada