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IA analiza el rostro para predecir la supervivencia de pacientes con cáncer

por editor
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Una nueva inteligencia artificial llamada FAHR‑Face está demostrando que una simple fotografía del rostro puede ofrecer pistas sobre la probabilidad de supervivencia de personas con cáncer. El algoritmo, desarrollado por un equipo de investigadores, se entrenó inicialmente con más de 40 millones de imágenes faciales y luego se especializó con 34,363 fotos de pacientes oncológicos. Con estos datos, FAHR‑Face aprende a reconocer patrones sutiles que el ojo clínico a menudo pasa por alto, como la textura de los surcos nasolabiales, la firmeza de la frente y la apariencia de las sienes, para estimar la edad biológica del enfermo.

Para validar su precisión, los científicos sometieron el modelo a una prueba independiente con una cohorte de casi 5,000 pacientes de otro centro médico. Los resultados mostraron que la IA mantiene su desempeño aun cuando se altera la iluminación, el maquillaje o la presencia de cirugías estéticas, lo que indica una robustez notable. En la tarea de predecir el riesgo de mortalidad a 90 días, los pacientes ubicados en el cuartil de mayor riesgo según FAHR‑Face presentaron una probabilidad de fallecimiento 3.23 veces mayor que los del cuartil de menor riesgo.

En números concretos, de 122 pacientes clasificados como alto riesgo, 52.5% fallecieron dentro de los tres meses posteriores al diagnóstico. Estas cifras sugieren que la herramienta podría servir como un valioso apoyo para oncólogos que deben decidir entre tratamientos agresivos y opciones menos intensivas, especialmente cuando el estado general del paciente es un factor determinante.

Sin embargo, los expertos advierten que la IA no sustituye el diagnóstico médico ni establece una “fecha de caducidad”. Las predicciones son puramente estadísticas y deben interpretarse como una pieza más del rompecabezas clínico. Además, el estudio se basó mayormente en pacientes de origen blanco, lo que plantea riesgos de sesgo racial y obliga a ampliar los datos de entrenamiento para garantizar equidad.

Otro desafío importante es la falta de información sobre la toxicidad específica de los tratamientos administrados a los pacientes analizados. Sin estos datos, es difícil saber si la IA podría ayudar a reducir efectos adversos o a mejorar la calidad de vida. Tampoco se ha demostrado, mediante ensayos clínicos prospectivos, que el uso de FAHR‑Face mejore realmente las decisiones médicas ni prolongue la supervivencia.

En conclusión, FAHR‑Face representa un avance prometedor en la aplicación de la inteligencia artificial a la oncología, ofreciendo una herramienta potencial para afinar la estratificación de riesgos. No obstante, su integración en la práctica clínica requerirá más estudios, diversificación de la muestra y pruebas rigurosas que confirmen su impacto real en los resultados de los pacientes.

Fuente: xataka

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