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Los mayores adoptan el móvil: ¿aliado contra la soledad o riesgo de aislamiento?

por editor
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En los últimos años el smartphone ha dejado de ser un privilegio de los jóvenes para convertirse en el dispositivo predilecto de la población mayor. Según el informe de la OCU “Seniors y mundo digital”, más del 70% de los usuarios de 60 años y más utilizan el móvil como su herramienta principal de comunicación, destacando WhatsApp, Facebook e incluso TikTok entre los más jóvenes de esa franja etaria. Este fenómeno ha generado la percepción de que los ancianos están cada vez más inmersos en una cultura digital que los aísla, pero la realidad es mucho más compleja.

El estudio de la OCU se centra en hábitos y ciberseguridad, resaltando que las principales preocupaciones de los mayores no son la adicción a los videos cortos, sino el fraude online, la protección de sus datos y la desinformación. Estas amenazas son reales y requieren medidas preventivas, pero no deben eclipsar los beneficios que la conectividad ofrece a la tercera edad. Mantenerse en contacto con familiares, recibir mensajes de apoyo y participar en grupos comunitarios virtuales son recursos que reducen la sensación de abandono.

Sin embargo, la relación entre el uso intensivo del móvil y la salud mental de los mayores sigue siendo objeto de debate. Un estudio publicado este año encontró una asociación entre el uso problemático del dispositivo y peor calidad del sueño, síntomas depresivos, ansiedad y soledad. La mayoría de estas investigaciones son transversales, es decir, capturan una instantánea sin determinar si el móvil provoca el malestar o si quienes ya sufren lo recurren como refugio.

Por otro lado, un metaanálisis de 2026 mostró que el uso activo y social del smartphone se vincula a menores índices de depresión en la población mayor. Las llamadas, los videollamados y los mensajes de texto funcionan como un factor protector, facilitando el apoyo emocional y la participación en actividades grupales, incluso a distancia.

Aun así, expertos advierten que el uso excesivo y pasivo, como el consumo prolongado de contenido sin interacción, puede convertirse en predictor de sobredependencia y aislamiento. La clave estaría en una “dieta digital” equilibrada: fomentar la interacción social y el acceso a información útil, mientras se limita el tiempo frente a pantallas sin propósito.

En conclusión, el móvil no es ni un villano ni un salvavidas automático para los mayores; su impacto depende de cómo se emplee. Políticas públicas y programas de alfabetización digital deben enfocarse en enseñar buenas prácticas, proteger contra fraudes y promover usos que fortalezcan los lazos familiares y comunitarios, garantizando que la tecnología sea una herramienta de inclusión y no de exclusión.

Fuente: xataka

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