Copenhague, la capital danesa, se ha convertido en un referente mundial de adaptación al cambio climático. Desde hace quince años la ciudad ejecuta un plan de veinte años que combina infraestructura verde y soluciones subterráneas para enfrentar lluvias torrenciales y la subida del nivel del mar. La iniciativa surge tras el histórico cloudburst del 2 de julio de 2011, cuando una lluvia de 135,4 milímetros en 24 horas desbordó alcantarillas, dañó la fortaleza de Kastellet y generó pérdidas estimadas en 6.000 millones de coronas danesas.
El Instituto Meteorológico Danés prevé que para 2100 las precipitaciones aumenten entre un 30 y un 70 % y que el nivel del mar suba unos 42 cm. En una urbe prácticamente a nivel del mar, construida sobre antiguos pantanos drenados, esas proyecciones representan una amenaza real. Por ello, Copenhague ha decidido actuar antes de que el problema se convierta en una crisis, convirtiéndose en un “laboratorio viviente” para otras ciudades costeras con retos similares.
El plan de gestión de lluvias torrenciales, aprobado con un presupuesto inicial de 3.800 millones de coronas, aborda varios frentes: gestión del agua, biodiversidad, reducción de islas de calor y mejora de los espacios públicos. En zonas con espacio disponible, la estrategia es crear parques, lagos y áreas verdes que absorban el exceso de agua. En áreas densamente urbanizadas, la solución pasa por túneles subterráneos que canalizan el agua y la almacenan para su reutilización.
Una de las medidas más llamativas es la creación de “islas” artificiales en los canales y cuerpos de agua de la ciudad. Estas estructuras, además de aumentar la capacidad de retención de agua, sirven como hábitats para la fauna y mejoran la calidad del aire. Sin embargo, el proyecto ha generado controversia: su alto costo se financiará mediante la venta de parcelas edificables y el cobro por vertido de tierras excavadas, lo que plantea dudas sobre su sostenibilidad ambiental.
A pesar de los debates, los primeros resultados son prometedores. Las recientes lluvias intensas han sido manejadas sin los desbordes catastróficos del pasado, y los residentes perciben una mejora en la calidad de vida gracias a los nuevos parques y áreas recreativas. La experiencia de Copenhague muestra que la adaptación urbana requiere una combinación de ingenio técnico y voluntad política.
Europa, el continente que más se calienta según la Organización Meteorológica Mundial, observa con atención el experimento danés. Si bien ciudades como París y Roma ya exploran soluciones como el “aire acondicionado” en el Sena o el uso de catacumbas, Copenhague lidera con una visión integral que podría servir de modelo para otras metrópolis costeras frente al desafío climático.
Fuente: xataka